jueves, 10 de septiembre de 2020

Peticionar a las autoridades

Es la mejor forma de aprender que la "democracia representativa" es una pésima idea.
En toda forma de gobierno se delega el poder en un cuerpo que tiende, por la fuerza misma de las cosas, a concentrarlo y retenerlo.
¿Qué utilidad tiene remarcar la irreversibilidad de esta delegación por escrito?
Como el Tai Chi, peticionar no sirve para nada. 
Las acciones que no tienen un fin utilitario son las que más enseñan.
A peticionar, a peticionar.
Que el Estado es nuestro es tuyo y de aquel
De Pedro y María de Juan y José... 

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Entrevistas laborales

Antes de los años noventas con su veinte por ciento de desempleo, no se conocían las entrevistas laborales.
Estaba el día de prueba, que se cobraba, estaban las recomendaciones, estaban los concursos y actos públicos, donde sólo se toman en cuenta datos objetivos sin relación con la idoneidad.
Las agencias de personal temporario operaban por costumbre, por recomendación de pares y acomodo.
El tema de la inserción laboral se daba como una fatalidad.
Por supuesto nadie añora la fatalidad.
Después vinieron las madrugadas de hacer fila con el diario bajo el brazo, las horas pateando la calle. Y después, para terminar con ese espectáculo degradante, llegaron las CONSULTORAS, como empezaron a llamar a las agencias de empleo.
En lugar de esperar en la vereda para entregar el currículum y responder preguntas más o menos a la moda, se concurre con cita previa, o no tan previa, a una oficina muy moderna para tener una entrevista de lo más distendida y moderna con una profesional impecable que evalúa con técnicas precisas nuestro potencial para encajar en un nicho corporativo.
También aparecieron a partir de los noventas un montón de chiringuitos que supuestamente te preparan para desenvolverte con éxito en esa jungla neolaboral.
Todo es verso, eh.
El único truco infalible para ser seleccionado es representar con éxito el estereotipo de clase buscado. Ese y no otro.
Hay que hacer carne la actitud de que el proceso de selección es bilateral. Hacer muchas preguntas.
Las empresas que no quieren preguntones, son garcas.
No hay que trabajar para garcas en la medida de lo posible. 
Y si se tiene la desgracia de trabajar para ellos, en la primera oportunidad venderlos a la AFIP.
Y avisar de esto en las entrevistas sólo simplifica las cosas.
Simplificar el proceso es todo lo que se puede pedir. Que se pierda menos tiempo.
Al fin y al cabo, no lleva tanto tiempo elegir con quién acostarse: un par de vueltas, una o dos miradas, y ya.
(otro día referimos el acertijo de las monedas, donde se ve que no hacen falta muchos pasos para decidirse)
He oído que algunas empresas están volviendo al viejo sistema de la recomendación por pares.
Brindemos por el retorno de los antiguos mecanismos de consolidación de las clases sociales, a los que tantas novelas clásicas debemos.
Nunca nos dejemos convencer de que les debemos otra cosa.

Comparaciones injustas

La franela no es como la gamuza. Comparado con Napoleón, cualquiera es una bala perdida. Cuando Arquímedes pedía un punto de apoyo, estaba pensando es esto: no hay prestigio, confianza o determinación que sobreviva a una comparación malintencionada.
Las cosas que nos rodean, las personas que conocemos, no tienen verdaderas conexiones, somos nosotros los que miramos y decimos "esta piedra es dura, esta fruta es naranja". Una vez descubierto, este poder se extendió sin límites, se perfeccionó, se sofisticó, se convirtió en una necesidad.
Claro que no es lo mismo que un ataque nuclear. Nada es como un ataque nuclear. 
Pero si no es lo mismo un juego de palabras que una bomba, tampoco es lo mismo un mono con navaja que un palo en el culo.
Y si te queda alguna duda, preguntale a un par de tazas de te.

lunes, 7 de septiembre de 2020

Mezclar bebidas

Lo sorprendente del mito de que no hay que mezclar bebidas es que haya quien lo suscriba. Que los borrachos se excusen con eso para disimular su falta de control es folklore, y podemos entender que sus parientes les acepten esos chamuyos.
¿No es más nociva, por ejemplo, la moda de los vinos "varietales", esos que se hacen con una sola clase de uva? Miguel Brascó, el de "Pascual Echagüe los mide, Mansilla los mata", llegaba a decir que en muchos casos eso de los varietales era lisa y llanamente un timo, que las bodegas simplemente trataban de sacar un corte regular y le ponían etiqueta de Malbec, Cabernet o Sirah.
Dicho sea de paso, el Sirah es vino picado, pueden conseguirlo dejando al sol una botella de tinto regular.
"Ortigoso" dicen en Chile, donde hasta hace un tiempo era común que cada pequeño terrateniente hiciera su propia vendimia. 
Uno podía parar a comprar una damajuana, y si tenías las cartas de presentación adecuadas, te hacían probar muestras de vasijas horneadas en los tiempos de O'Higgins, mostos puestos a macerar en distintos momentos de la temporada, que van saliendo más o menos maduros, y ahí era cosa de sentarse a cortar un poco de éste con aquél, probar, rectificar, volver a probar, y así hasta terminar con un peludo épico.

domingo, 6 de septiembre de 2020

Dejar secarse la salsa

Es domingo de pasta, por supuesto, además de ser generoso con el huevo a la hora de amasar, es crucial que el tuco salga rico. Hasta los fideos comprados más comunes son un plato decente si la salsa es una locura.
Ingredientes secretos? Componentes exóticos? Glutamato?
Nada de eso, lo que tienen que hacer es dejar que se seque hasta que el tomate se pegue al fondo, incluso se queme un toque. El verdadero sabor a tuco viene de un cocinero distraído.
No demasiado, eh.

sábado, 5 de septiembre de 2020

Comprar un disco

Será algo anacrónico, pero también snob. Puede ser tanto un ejercicio de nostalgia como un cliché de actitud pseudo alternativa. Ojo, también puede ser una inversión plenamente racional: los discos son artículos en vías de extinción, pronto objetos de coleccionista.
Lo mejor, para mi, que tenían los discos es que no había más remedio que comprarlo todo, así, con el tema de difusión, pegador y pegadizo, que se buscaba, todo el mundo se comía la cola de composiciones raras y caprichosas que los músicos mechaban entre los hitazos. Así nos cultivaba Charly García también en sus recitales: "Un par de cultas más y después tocamos rocanrol hasta el final, chicos".
Ahora esto es cosa de los raros, los nerds de la música que quieren escuchar hasta el último pedo.
Si nos ponemos de acuerdo, metemos un algoritmo que intercale esas canciones que los artistas consideran sus predilectas. 
Total, de una manera o de otra estamos poniendo nuestras preferencias en manos de alguien más. 
No hay nada más necesario: librados a nuestro criterio nunca pasaríamos de escuchar nuestros propios ruidos intestinales.


viernes, 4 de septiembre de 2020

Dar explicaciones

Churchill decía que no había que explicar ni lamentarse. Como buen psicópata de fuste, hacía una filosofía de su biografía moral. Pero es cierto que las explicaciones tienen ese tufillo de mala conciencia que les da mala fama y las fué convirtiendo en una costumbre del pasado. Y el pasado siempre es torpe, bestial y pobre.
Lo cierto es que la didáctica me ha sido siempre ajena. Me subleva que las cosas no se intuyan por su propia evidencia. Es hora de entender que esto es también una barrera.
Explicar puede que no sirva para nada, pero también puede que de algo sirva.
El primer efecto sensible, es que en cuanto uno explica, se pone en deuda, porque gracias a Aristóteles siempre arrancamos avisando qué vamos a decir. Supongo que acá hay lugar para que la práctica permita abreviar ese paso, resumiendo la explicación en una acción directa.
Lo segundo es que aprendemos: aprendemos de la manera más dura que no sabemos lo que hacemos. Lo que pensamos que hacemos es una fantasía. Eso nunca pasó.
Después de haber dado explicaciones, sobre todo si resultaron "satisfactorias", uno se encuentra como vacío, esa clase de vacío que se siente al descender en una montaña rusa. Una ingravidez que seguramente viene de haberse contorsionado para poder verse y representarse.
Y también, seguramente, deber ser que uno se sacó las ganas en el camino.

jueves, 3 de septiembre de 2020

Progresar

Progresar es lo contrario de regresar, como egresar es lo contrario de ingresar. 
Siempre que se hable de progreso, habrá daño, como siempre que se hable de regresión, lo que hay es gente molesta.
Es curioso que el pase de ingresante a egresado se considere un progreso, teniendo en cuenta que en el camino se cambió de sujeto activo a pasivo.
También se usa la palabra éxito como sinónimo de progreso, cuando lo mínimo que se espera de todo exitoso es que regrese.
Cuando un pueblo progresa, se reúne a celebrar, pero aunque se congrega, no es un congreso. Cuando se termina la fiesta, se disgrega la gente, pero una disgresión es algo que pasa durante la cosa, no al final.
Para que la gente se ponga de acuerdo, generalmente hace falta una transgresión, que como es un movimiento atravesado entre el progreso y el regreso, pone los patitos en fila, por así decir.
El transgresor no progresa, pero daña. No molesta, pero vuelve. No convoca, pero divierte.
Es una maquina enigma, de hacer nudos con caminos.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Cancelar a tiempo

Las horas pasan y el juego se termina. De pronto es tarde y en la mesa solo hay deudas. Un mozo irrespetuoso vuelca las sillas. Te están echando.
Hay mucho ruido en la calle. Son una pocas cuadras pero hay que caminarlas. Las manos en los bolsillos, y cuando llegás, la llamada está perdida.
Dos para cenar y nada que hacer al otro día. Platos sin lavar y ganas de olvidarse de uno mismo. La confianza no siempre está bien depositada.
Historias desconocidas, historias inventadas, ambiciones compartidas entre candidatos. La pelea puede unir o separar, pero no hay quien la esquive. Los chicos crecen y también los problemas.
Nada puede llegar a ser si no hay ese empecinamiento del ser, ese empeño en cumplir un destino. Perder no es tan duro como renunciar. 
Renunciar es la única forma de volver.

Tirar un pase

No hace falta que sea un pase de gol. Casi nadie necesita ser Palermo, pero todo el mundo necesita tocarla de vez en cuando para seguir corriendo. Es muy feo que nunca te pasen la pelota: lo más feo es que te vas dando cuenta de que las posibilidades disminuyen a medida que nadie te ve jugar, te vas limitando a agarrar algún rebote desde afuera, de esos que con suerte podés tirarlos más o menos bien para que otro la juegue. De a poco te das cuenta que si todos asumen que estás de relleno, estás de relleno.
La mecánica misma del olvido: otros están siempre delante, porque estar delante una sola vez ya inclina la balanza, cada pensamiento se refuerza con la rememoración, como un músculo que se hace más fuerte con el uso.
En un solo día, en una sola hora, se puede hacer tanto nada más mencionando a este o aquel, escribiendo a una u otra para pasar un dato.
La tecnología nos da más poder, pero el poder no es nada si no se usa.

lunes, 31 de agosto de 2020

Fanfarronear

La literatura de hoy en día es unánime: los malos son fanfarrones, y los fanfarrones son malos que al final del día llevarán su merecido. Qué adorable catecismo! No viene al caso acá, pero los catecismos de todo tipo son algo que hay que desterrar de una vez. Y cuando digo desterrar me refiero al planeta Tierra.
El catecismo amontona progreso social inequitativo a base de sometimiento. Enseña a los pobres a conformarse y a los ricos a no traicionar a su clase.
Que es perfectamente reemplazable lo testimonia la historia, que hasta el año quinientos estuvo llena de sociedades que subieron y bajaron sin usar de manera masiva esa dramática propia de fábulas. La mitografía y la epopeya exaltan siempre al astuto, al atrevido, al dadivoso. Bueno, al final se mueren todos, pero eso es nomás para terminar el argumento de una forma natural.
Y Esopo? Esopo era justamente un vanguardista, la punta de lanza de la reforma moral que acompañó la caída del imperio romano y que tardó unos mil años más en llegar a imponer un orden tan viscoso, escurridizo e insidioso como lento en llegar a ser.
No digo que hay que ser todo el tiempo como los héroes de las sagas vikingas, siempre hablando de sí mismos, siempre midiéndose los cuernos con el vecino de remo en el drakkar. Uf, eso los convertía en insoportables: por eso los echaban de la casa y tenían que ir a buscarse la vida saqueando por ahí.
Fanfarronear es cosa de un día, pero de algún día.

domingo, 30 de agosto de 2020

Abrir un portal

No existen universos paralelos, la misma expresión es un contrasentido. Lo que hay es lugares del universo que no están en continuidad con este. Para llegar a esos lugares, y también para ahorrarse algunas continuidades tediosas (el recorrido del 188, por ejemplo) es que se usan los portales "dimensionales".
Claro que de esto nadie habla, y no se va a hablar. Hay un consenso unánime al respecto: la humanidad no es una raza segura para divulgar el uso de este tipo de herramientas. Miren nomás las cagadas que se han mandado contando sólo con la función poética: generaciones enteras arrastradas al abismo de la estupidez por algún irresponsable rimador, un milenio de parejas bailando al son de la prueba de amor, cinco eras de peleas de vecinos con esa historia de nunca acabar del ojo por ojo.
Si los humanos pudieran ir de un lado a otro con el mismo esfuerzo sin importar la distancia, serían un conventillo de siete mil millones de personas.
La última vez que se hizo una prueba unos bromistas se pusieron de acuerdo y conectaron las cloacas de Praga con la oficina de un profesor de secundaria. Por suerte el portal no tenía más de tres milímetros de paso.
Aunque la tecnología es monstruosamente sofisticada y prohibitiva, se opera con facilidad. Por supuesto: si te da la nafta para abrir un agujero de gusano, bien podés hacer una interfaz de control que se opere con órdenes verbales.
Para que se saquen las ganas: sólo tienen que ponerse mirando 34º 25' 16" al Oeste, rodilla izquierda en el suelo, espalda recta, manos en la cabeza y pronunciar con claridad (preferentemente con voz nasal) "Cratón abanicá el castor, tres lucas"
Por diez segundos van a ver qué hay escondido abajo del escudo de Brasilia.
De nada.

sábado, 29 de agosto de 2020

Lustrar los zapatos

Cuando uno salía todos los días, a trabajar, a hacer compras, de visita, usaba calzados según la ocasión.
Típicamente se iba en zapatillas a casa de nuestros amigos o amantes, al supermercado y al shopping. Los zapatos los dejábamos para las salidas formales, y también, cuando la suerte nos fallaba, para ir al trabajo. Pero también es cierto que algunos zapatos nos gustaban, y los lucíamos con ganas en toda oportunidad.
El módico fetichismo de los zapatos de cuero se completaba con el ceremonioso lustrado periódico, un ritual que nos permitía ocupar los lugares del amo y del sirviente a la vez.
Esto que ahora parece lejano y sin sentido, un saber anacrónico como el tiro con arco, merece ser rescatado y relevado del status nostálgico en que se encuentra.
Una de las reglas básicas del tratamiento de la depresión, consiste en conservar el arreglo personal por pura disciplina, aunque no haya motivo. Partiendo del hecho de que la depresión impide la existencia de motivos como tales, se impone conservar las acciones preparatorias de las actividades normales, por dos razones: dejan al paciente un paso más cerca de recuperar esas actividades, y además representan un mínimo de actividad y esfuerzo que se convierte en estímulo.
Con esta misma intención tenemos que volver a lustrar los zapatos. No vamos a ir a ningún lado donde hagan falta: si de casualidad los usamos, el lustrado se va a ir en cuanto volvamos a casa y los fumiguemos con alcohol al 70%. Es decir que es una actividad sin motivo ni finalidad evidente, pero hay que mantener la capacidad de hacer las cosas de siempre, para recordarse que en algún momento vamos a recuperar el gusto por esas pavadas.

viernes, 28 de agosto de 2020

Sopita y a la cama

Gustavo maricón
Sopita y a la cama
Se pone el camisón
Y dice hasta mañana
Siempre la cargada desde el vamos contra lo pasivo, lo suave, sumiso. Todo lo que en realidad nos gusta es de puto, menos ser macho, que no es de puto. Cuidarse es de puto, dar gracias es de puto, querer es de trolo.
Sobre todo tener miedo es ser maricón, estar cansado te vuelve afeminado. El Tao Te Ching dice que hay que adoptar el principio femenino, pero ya se sabe que los orientales son todos maricas, ni barba como la gente tienen.
Ni hablemos de los Indios, con esos modales resbalosos, seguro viven dilatados.
Lo que ha hecho la retórica del gaste es cernir nuestras opciones dejándolas alineadas lado a lado del par fálico-castrado.
Esto es difícil de explicar bien, porque en realidad no es un par. En la lógica binaria no hay dos, hay uno y cero.
Hay argumentos que indican que es imposible salir de ahí, hay otros argumentos que sugieren que sólo es cuestión de un esfuerzo más si quereís ser verdaderamente empoderados.
El lenguaje es un laberinto.
Un laberinto en una hoja de papel.

miércoles, 26 de agosto de 2020

Vigilar la tostada

El chiste ya es lugar común: si estás mirando las tostadas no se terminan de hacer nunca, y si te ponés a hacer otra cosa se queman.

En esta certidumbre se filtra una idea universal acerca del sentido de la vista, que en la antigüedad era tenida en cuenta por los filósofos. Se creía, y creen hoy los niños, que el ojo emite una especie de rayos o tentáculos hacia los objetos y con eso los percibe. Esta idea de la vista como una especie de radar, y la función equívoca de la vista en la vigilancia y la persecución, llevan a que mirar sea una forma de controlar, de ejercer un poder. Y como este poder es más bien imaginario, se presta a ser culpable de los efectos que se quiera. Y como el poder es malo de por sí, viene con trampa: ejercerlo conlleva alguna especie de maldición.

Yo creo que la forma de conjurar esta dificultad debería estar en cambiar la intención misma de la vigilancia. Debería ser más como un acto de contemplación. Así como se pueden contemplar las cosas pequeñas de cerca haciendo un mundo de cada detalle, se podría hacer pasar un tiempo breve como si durase años, sin que se vuelva tedioso, a condición de prestar la suficiente atención como para que se vuelvan interesantes los sucesos ínfimos.

El crepitar de una miga, la curvatura de una rodaja, la milimétrica fumarola, son verdaderos cataclismos al igual que las erupciones volcánicas, las tormentas tropicales o los terremotos.

Contemplando, igual de demora, pero sabiendo que al final, es lo que se estaba buscando.

martes, 25 de agosto de 2020

Parar las balas

No todo en la vida es fluir y esquivar. Eso es algo que se aprende y se puede poner en práctica sobre uno mismo, sobre lo que se puede sujetar a la voluntad propia, nada más. Formar parte de un equipo que sea como la selección del '86 es algo que no va a pasar de nuevo, entonces nos pasa que no esperamos que los demás corran, suban o bajen con uno. Las telecomunicaciones nos distancian desde hace mucho sin que hiciera falta pandemia, la modernización es, por sobre todo, números grandes, todo en grandes cantidades.
Por mucho que sueñen los fundamentalistas, las cantidades cambian la lógica de las cosas.
Todo se desordena, y como todos corren es muy fácil que atropellen.
Cuando estás en la cancha hace un tiempo, ves venir el pelotazo de lejos. Es OBVIO que si tenés alguien nuevo al lado, parte de tu responsabilidad es que pueda tomarle el ritmo al baile.
En un mundo ideal, se forja una relación de compañerismo, un lazo de aprendizaje y superación que cae una granada y ni nos vimos.

lunes, 24 de agosto de 2020

Mirar cosas chiquitas


Todo el mundo ama las miniaturas. Algo de razón tiene el culto Vudú con eso de que hay una magia en las versiones chiquitas de las cosas. Los niños pequeños los saben: instintivamente se apegan a objetos que representan a sus madres, padres, ellos mismos, en una escala manipulable.
Y las maquetas! Por más que odiemos hacer esas ciudades con cajas de remedios que la escuela les encarga a los chicos, nos encanta contemplar esos mundos donde sólo cabemos con la imaginación.
Acá viene al caso una impresión que sólo se tiene cuando se mira alrededor desde un punto elevado en la montaña: todo el paisaje parece de juguete. Una de las cosas que hacen tan atrayente subirse al techo del mundo es verlo todo desde la perspectiva de un gigante.
Que es lo mismo que imaginarse chiquito chiquito paseando por las grietas de un cascote.
Como todo es relativo, sólo se necesita acercarse a las cosas mínimas para sentirse de repente grande como Godzilla.
No hace falta comer ningún hongo raro, Carrol.

domingo, 23 de agosto de 2020

Hacer leña del árbol caído

Desde muy chico aprendí a manejar un hacha de voleo, la técnica es importante en estas cosas, mucho más que la fuerza. Sabía bajar un árbol en minutos, y sabía partir bloques de algarrobo de un golpe. Pero no sabía qué hacer con el árbol entero.
A los dieciséis viajé por primera vez al sur, y cuando pasamos por El Bolsón, acampamos en el terreno de una amiga que tenía su cabaña sobre la falda del "Piltri", el cerro que domina la vista del pueblo.
Llegamos de noche, cenamos y nos acostamos a dormir. A la mañana nos bañamos a manguerazos con agua que bajaba directo de la montaña. Tomé tanto frío que al otro día tiritaba de fiebre.
Sintiéndome para el culo me quedé mientras los demás bajaban al pueblo para visitar la feria y comprar vino.
Deambulando por el campito, encontré el hacha y unos troncos secos listos para hacer leña.
Al principio traté de cortar secciones del tronco, pero la dueña de casa me explicó la forma correcta:
Se para uno con un pie a cada lado del tronco, mirando a la punta, y se clava el hacha en el extremo, una vez y otra, hasta que se raja un poco. Ahí hay que buscar una astilla y embutirla en la rajadura para que no se cierre y seguir golpenado en la misma. Cuando la astilla se sale, se pone otra más gruesa, y se sigue así hasta que todo el tronco se parte al medio.
Después se repite lo mismo con las mitades, y los pedazos van quedando de a poco del tamaño justo para hacer fuego.
Lo mejor de todo fué que transpiré como un caballo y se me pasó la fiebre.
Miren si será bueno hacer leña.

sábado, 22 de agosto de 2020

Estirar el final

Las historias de amor verdaderas acontecen en dos patadas. Todos sabemos que no hay trama que resista la satisfacción de sus protagonistas. Mucho ante de Las Mil y Una Noches, Homero se enfrentó con este problemita y enseñó casi todos los caminos para evitarlo. Inclusive hizo algo no muy acostumbrado, que es darle a sus personajes una vida propia luego del texto: hasta La Odisea, el final de las obras se verificaba por el exterminio de todos sus actores, de donde sacó Robert Graves la idea de que el teatro dramatiza rituales abandonados de sacrificios humanos...
Que no sólo hayamos aceptado que los artistas nos escamoteen los finales reales, que lejos de aceptar el soborno del arte como un premio consuelo por haber renunciado ocasionalmente a las ejecuciones, los autos de fe, los autos chocadores y los videos de JackAss, hemos pasado a la obsecuencia del aplauso, la idolatría y la posteridad hacia quiene hicieron su profesión de estirar los finales.
Se ve que nos pueden hacer gustar de cualquier cosa, a condición de que esté bien contada.

viernes, 21 de agosto de 2020

Dormir con la ropa puesta

Nosotros, los rioplatenses, vivimos a la orilla del río más ancho del mundo, un titánico procesador de agua de ciento cincuenta kilómetros de ancho y una profundidad máxima de diez metros, una verdadera lámina de agua que se va oxigenando y decantando por completo sin esfuerzo alguno. No tenemos idea de lo excepcional que es nuestra facilidad para conseguir agua. Estamos tan acostumbrados que para nosotros es algo natural irse a dormir bañaditos cada día. Bueno, hay algunos que prefieren la ducha a la mañana. 
No tener agua corriente ya es un impensable, al punto que nos olvidamos de toda la gente que vive en esas condiciones. Recuérdenlo cuando alguien diga que en la villa viven con lujo porque usan celular.
Lo que trae la cuestión del estilo de dormir, que también depende mucho de la forma de vivir.
Como tenemos cama, sábanas y frazadas, nosotros y nuestros conocidos, ya naturalizamos sacarnos la ropa para acostarnos, algunos toda, algunos casi toda, algunos poniéndose camisón. 
¿Qué problema habría en dormir vestido? Algunos dicen que es incómodo, yo digo que se visten para sufrir. 
Que se arruga la ropa, puede ser, también se arruga bailando.
No bañarse es algo que sólo puede deberse a una negligencia o una privación. En cambio, dormir vestido también es propio de viajeros, de exploradores, de juerguistas.
De astronautas.