miércoles, 18 de noviembre de 2015
Día de soñar despierto
—Debería abandonar esas ensoñaciones —dice mi terapeuta, impecablemente trajeado, sentado en su butaca.
—Es cierto —apoya la mujer verde con cara de mantis y alas de libélula.
—Tiene razón —concedo, y el terapeuta desaparece.
martes, 17 de noviembre de 2015
lunes, 16 de noviembre de 2015
Día de cambiar de idea
La casa se reserva el derecho de arrepentirse, de considerar nuevos datos, de asimilar nuevas evidencias, incluso de cambiar de opinión sobre lo que es lo mejor o de cuál es mejor medio para alcanzarlo. Asimismo, la casa manifiesta que lamenta si eso lleva a que le digan panqueque, voluble o traidora; al respecto, la casa lamenta que la honestidad intelectual no sea tan bien considerada como debería. La casa es consciente de que la edad hace más difícil el considerar hechos nuevos, y agradece cualquier aviso al respecto, aunque no cambie luego de considerarlo. La casa, finalmente, avisa que habiendo ascensor no se responsabiliza por el uso de las escaleras.
Día de oír las olas
Se las puede oír en el bosque: vienen desde lejos, se acercan, retumban, redoblan, amenazan. Uno espera que rompan, pero no: pasan por sobre nuestras cabezas, siguen viaje. No son olas, nos decimos. Es el viento que mueve las hojas.
Pero es una ola. El hecho de que las hojas permanezcan más o menos en su lugar es irrelevante. Es tan ola como la que hacen las personas en un estadio. La vemos, la describimos: ahí viene la ola, ahí se va. Cuando la ola pasa, nada ha cambiado. Pero ahí está, por allá vino, por allá se fue.
Contales, Richard:
¿Acaso a ninguno inspirará la imagen que del universo hoy tenemos? Este valor de la ciencia sigue sin ser cantado por los poetas; uno se ve reducido no a escuchar una canción o un poema, sino una lección vespertina sobre ella. Todavía no es la nuestra una edad científica .Reformulemos: la ola es una danza. Las hojas, las moléculas de agua, danzan y después la ola se va, sigue su camino como nosotros, otras olas mirando las olas. Nos creemos especiales, y lo somos, pero no tanto. La mayor diferencia es que nuestras olas, cuando se hayan ido, pueden haber cambiado algo.
Tal vez una de las razones de este silencio sea que es preciso saber leer su música. Por ejemplo, el artículo científico puede decir, «El contenido de fósforo radiactivo del cerebro de la rata decrece a la mitad en un periodo de dos semanas». Ahora bien, ¿qué significa tal cosa?
Significa que el fósforo que hay en el cerebro de la rata —y también en mi cerebro, y en el suyo— no es el mismo fósforo que había en él hace dos semanas. Significa que los átomos del cerebro están siendo reemplazados: los que antes se encontraban allí se han ido.
Observar que eso que yo llamo mi individualidad es tan sólo una configuración, una danza; eso es lo que lo significa el descubrimiento de lo que tardan los átomos del cerebro en ser reemplazados por otros átomos. Los átomos llegan a mi cerebro, danzan en él su danza y después se van —hay siempre nuevos átomos, pero danzan siempre la misma danza, recordando cómo era la danza de ayer.
Richard Feynman, El valor de la ciencia
viernes, 13 de noviembre de 2015
jueves, 12 de noviembre de 2015
Día de necesitar un café
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Día de sentar jurisprudencia

Postulado del padre de Euclides: Todo par de puntos padre (P) - hijo (H), define una línea recta que incluye al obstáculo a la visión (O) sito entre ambos puntos.
Ley del padre de Hubble: cuanto más lejos está un niño, más rápido se aleja.
Ley de acción y reacción del padre de Newton: toda fuerza utilizada para que el niño haga algo encontrará una fuerza proporcional en sentido opuesto.
Principio del padre de Arquímedes: para meter un niño en la bañera se requiere vencer una fuerza de rechazo equivalente a la que se necesitará para sacarlo.
domingo, 8 de noviembre de 2015
Día de disfrazarse
Se miraron, amagaron tal vez un beso con la mirada; pero el otro no supo o no quiso darse cuenta. Se vistieron sin decir una palabra. Cada uno por su lado decidió simular que había sido un malentendido. Y lo fue; las distintas versiones del hecho terminaron circulando, y de alguna forma todos supieron la verdad.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Día de caminar a la par
martes, 3 de noviembre de 2015
Día de recoger flores

Cuando era chico, jugaba en un campo que se cubría de amapolas al llegar la primavera. Todos, sin excepción, tratábamos de llevar algunas: a muestras madres, a la maestra, a la virgencita del altar en el colegio.
Resulta que transportar amapolas no es tarea fácil; es una flor herida de muerte apenas arrancada. El ramito orgulloso pierde los pétalos en unos pocos pasos, y quedan en la mano unos tristes tallos con el centro negro.
Para llegar con la ofrenda en buenas condiciones, hay que darse por vencido; llevar las amapolas vueltas hacia abajo, caminar con pausa, como un penitente, hasta llegar a destino.
jueves, 29 de octubre de 2015
Día de discutir
sábado, 24 de octubre de 2015
Día de salir a navegar

—Hay cosas de mi pasado que preferiría olvidar —me dice el viejo escritor de Florida—. Cosas desagradables, tristes. Infamias. Pequeñas infamias, lamentablemente, nada digno de mención; pero preferiría olvidarlas. También hay momentos felices que sospecho que no me merecía. A veces, esas cosas pesan, son como un lastre. Pero sin ellas, ¿quién soy? Otro viejo escritor en una mesa desvencijada, reventándose el hígado con ginebra fiada. Entonces, cargo el pasado a cuestas, sin dejar nada atrás. Sólo así soy la figura que buscás retratar. Brindo por eso.
Pero no hay más ginebra.
viernes, 23 de octubre de 2015
Día de dar la bienvenida
Podemos hablar. Sé que te sorprende, que pensabas que no era posible; pero podemos hablar. La mayor parte del tiempo, vemos lo que nos separa; pero tenemos más en común. Estaremos de acuerdo en la belleza de los atardeceres, en lo sobrecogedor del mar. Sí, son lugares comunes, pero no por eso valen menos: por definición, lo común es lo que nos une. Acaso nos gusten las mismas comidas, la misma música, la misma novela; no lo sé, pero podemos hablar. Dejemos que la chusma murmure, que piense que estamos cometiendo una traición, que se sienta decepcionada. Ellos también están eligiendo ver solo un aspecto. Con ellos, también, podemos hablar. Pero no hoy: hoy hablemos tu y yo. Compartamos el pan; el pan hace amigos desde antes de Cristo. Departamos. Veámonos, esta noche, con otros ojos. Ya llegará el lucero; y cuando llegue, tomaremos nuestros mosquetes y nos veremos en el turbio campo del honor.
jueves, 22 de octubre de 2015
Día de hacer números
¿Cómo puede ser que las matemáticas, siendo después de todo un producto del pensamiento humano independiente de la experiencia, se puedan aplicar de manera tan admirable a los objetos reales? [,..] En mi opinión la respuesta, brevemente, es esta: cuando las matemáticas se refieren a la realidad, no son exactas; y cuando son exactas, no se refieren a la realidad.
Albert Einstein
Día de no tener idea
Salía, como Harún al-Raschid, a buscar historias por los arrabales. Volvía con el alba, sin historias, con el corazón roto y un tatuaje nuevo.
lunes, 19 de octubre de 2015
Día de mirar hacia adentro

Está ahí, dentro de cada célula, al final del tunel del microscopio: el ADN. Un collar doble, con cuatro tipos de cuentas nada más. No parece que hubiera en él patrón alguno. Es como escuchar a alguien hablar un idioma desconocido: sabemos que hay palabras, pero no distinguimos una de otra. La célula distingue: en un punto, sabe, comienza una palabra: un gen. Para distinguir el blanco entre palabras, necesitamos los ojos; para reconocer los blancos entre genes, la célula utiliza proteínas.
Las palabras, leídas u oídas, se transforman en señales neuronales que llegan a los centros del lenguaje. Allí, las señales explotan como fuegos de artificio; no alcanza con el significado de cada una: cada una connota, dispara en el cerebro nuevas señales que no estaban escritas, que no fueron oídas. A su vez, se relacionan con las otras palabras que las acompañaban.
Las proteínas reconocen los genes, los traducen a su significado final: más proteínas liberadas dentro (o fuera) de la célula. Allí, cada proteína tendrá sentido solo en relación con otras; cada una disparará nuevas reacciones químicas, se unirá a otras proteínas, cambiará el entorno sutil o drásticamente. Esos cambios, a la larga, hará que lleguen señales a otras proteínas, que irán al ADN y leerán nuevos genes, escribirán nuevas proteínas. Igual que las palabras, finalmente, generarán una respuesta, nuevas palabras habladas o escritas. Un poema, una canción, una lista de supermercado.
Nos creemos gran cosa, los sapiens, por haber inventado el lenguaje. Pero ya estaba inventado.
domingo, 18 de octubre de 2015
viernes, 16 de octubre de 2015
Día de jugar a los dados con Dios
Cuando pitos flautas
Fortune presents gifts
Not according to the book
Fortune presents gifts
Not according to the book
When you expect whistles it's flutes
When you expect flutes it's whistles
What various paths are followed
In distributing honours and possessions
She gives awards to some
And penitent's cloaks to others
When you expect whistles it's flutes
When you expect flutes it's whistles
Sometimes she robs the chief goatherd
Of his cottage and goat pen
And to whomever she fancies
The lamest goat has born two kids
When you expect whistles it's flutes
When you expect flutes it's whistles
Because in a village a poor lad
Has stolen one egg
He swings in the sun
And another gets away with a thousand crimes
When you expect whistles it's flutes
When you expect flutes it's whistles
Da bienes Fortuna
que no están escritos:
cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.
¡Cuán diversas sendas
Se suelen seguir
En el repartir
Honras y haciendas!
A unos da encomiendas,
A otros sambenitos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.
A veces despoja
De choza y apero
Al mayor cabrero,
Y a quien se le antoja;
La cabra más coja
Pare dos cabritos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.
Porque en una aldea
Un pobre mancebo
Hurtó sólo un huevo,
Al sol bambolea,
Y otro se pasea
Con cien mil delitos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.
Luis de Góngora
miércoles, 14 de octubre de 2015
Día de proponer objetivos
¿Quién creyera que el mundo era tan largo? Había visto unas mapas; parecióme que así estaba todo junto y tropellado. ¿Quién imaginara que había de faltarme lo necesario? No pensé que había tantos trabajos y miserias. Mas, ¡oh, cómo es el «no pensé» de casta de tontos y proprio de necios, escusa de bárbaros y acogida de imprudentes! Que el cuerdo y sabio siempre debe pensar, prevenir y cautelar. Hice como muchacho simple, sin entendimiento ni gobierno. Justo castigo fue el mío, pues, teniendo descanso, quise saber de bien y mal.
Mateo Alemán, Guzmán de Alfarache
martes, 13 de octubre de 2015
lunes, 12 de octubre de 2015
Día de hacer jardinería
Día de mostrar la hilacha
Para casi cualquier truco de magia, hay un video en YouTube que muestra cómo se hace. E invariablemente, aparecen los comentarios diciendo "qué falso este mago, qué mentiroso". Hay gente que prefiere creer que David Copperfield vuela o que Criss Angel camina sobre el agua, que las cartas se desvanecen en el aire y aparecen solas adentro de una naranja. Como si la explicación le quitara maravilla al acto. ¿Se quejará esta gente si un actor les explicara cómo armó un personaje; si un escritor les mostrara las múltiples revisiones de una novela hasta lograr que sea creíble y vívida?
El engaño es una parte fundamental del arte. La mentada suspensión del descreimiento es parte del trato para generar una zona donde disfrutar de engañar y ser engañado. Fuera de esa zona el engaño es estafa, mentira, hipocresía. Dentro del arte, somos lobo y caperucita jugando a la mancha en un claro del bosque. Menos mal.
viernes, 9 de octubre de 2015
Día de estar a la espera
A través de Scientific American me entero de que el matemático japonés Shinichi Mochizuki publicó en 2012 la prueba de una conjetura matemática que llevaba 27 años sin ser resuelta. El problema es que nadie ha logrado comprender la prueba, de tan abstracta que es —abstracta para las matemáticas, lo que es decir mucho.
Qué belleza de momento, una especie de Tiempo cero científico. Como en el cuento de Calvino, en que el razonamiento del cazador detiene el tiempo en el momento en que no se sabe si su lanza dará en la fiera o la fiera caerá sobre él, la prueba de Mochizuki permanece en un limbo pre-científico. Un estado por el que todas las ideas y descubrimientos han pasado, pero suele olvidarse. Amamos las historias de héroes: Galileo, Newton, Einstein, Watson y Crick, Pasteur. Nos encanta contar "entonces demostró tal cosa" como si un solo acto de pensamiento, un solo experimento cerrara el caso; pero eso no es del todo ciencia. Para serlo falta el componente social: montones de otros estudiosos que le buscan la quinta pata al gato, que repiten la experiencia, la observación, el razonamiento hasta darlo por bueno. Solo entonces la lanza llegará a destino.
miércoles, 7 de octubre de 2015
Día de ver la belleza interior

Estaban en la calle, hablando —cuenta el viejo escritor de Florida—. Ella era morocha, jovencita, linda a base de juventud nomás. Tenía el pelo lacio y largo, agrupado en mechones húmedos, como si se hubiera bañado recién. Él tenía su edad, flaquito, dicharachero. Se debían haber cruzado de casualidad; el sostenía una bicicleta mientras hablaban. Pero eso no importa. Importaba la mirada de ella, la forma en que irradiaba felicidad por la presencia de él. No sé si el chico se daba cuenta, pero yo sí. Esa mirada... había tanto anhelo, tanto pedido mudo. Entonces volví a casa, con la parejita en la cabeza, en la punta de los dedos. Lo iba a escribir, aunque no supiera dónde calzaría aquello.
Y no pude. Escribí uno, seis, veinte borradores, y nada de lo que hiciera dejaba ver aquello que ni el chico veía, pero yo sí. Me quedaba en los mechones húmedos, en la mirada; pero la cosa, la cosa en sí que encerraba el misterio, la fecundidad de la escena, se escapaba entre las palabras.
Vine al bar esa tarde, sin cerrar nunca esa escena. Desde entonces, no he vuelto a casa.
martes, 6 de octubre de 2015
Día de aburrirse

La enfermedad ya pasó un poco, pero hasta hace unos años todo era "divertido". Los sistemas operativos se presentaban como maneras de trabajar o crear de manera divertida. Cualquier aparatejo era publicitado con el adjetivo de marras: "Caroceitor, una manera fácil y divertida de descarozar aceitunas". Hoy en día, el virus ha mutado un poco: ahora cualquier paparruchada es una "experiencia" que hay que "vivir". Esto incluye cosas como entrar al local de Nike o contratar una empresa de telefonía móvil. Esto último no debería ser ni notable; cuando es una "experiencia", es porque es nefasta.
¿De dónde resulta que ahora nos tenemos que divertir constantemente como tarados o —sin ánimo de ofender— como los prototipos de mujer estúpidamente feliz (alias boluda alegre) que nos ofrece la publicidad? ¿De dónde todo tiene que ser entretenido? Démosle espacio al aburrimiento, leñes, que también es necesario. Para muchos, el aburrimiento es lo más cercano a la meditación. De esos ratos sin nada que hacer pueden surgir grandes ideas. Como el Caroceitor (patente en trámite).
lunes, 5 de octubre de 2015
jueves, 1 de octubre de 2015
Día de prepararse para el futuro
Lo acusaban de vivir en el pasado. Es que el futuro me aburre, respondía. Está lleno de días en blanco.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
viernes, 25 de septiembre de 2015
jueves, 24 de septiembre de 2015
Día de arremeter
Aquí estás.
Cerrá los ojos.
Apretá fuerte los puños.
No pienses: no es momento.
Hacele caso al cuerpo.
Quiere moverse, ¿sentís?
Abrí los ojos:
aquí estás.
No es que no haya nada que perder, es que no hay nada que ganar si te quedás.
Del otro lado, el enemigo es más chico que tu miedo.
Del otro lado, en el peor de los casos, te espera la nada.
No es gran cosa.
Apretá los puños.
Aquí estás.
Suerte.
martes, 15 de septiembre de 2015
Día de llegar tarde
martes, 8 de septiembre de 2015
Día de nombrar colores
Parece ser que hay unos tipos que desarrollaron anteojos que corrigen la visión de color de los daltónicos. Por eso de que no podemos meternos en la cabeza de otro, el video demostración se parece al de los audífonos de venta telefónica: montones de daltónicos con anteojos diciendo oh y ah. Suena emocionante, pero tal vez no sea buen negocio: ¿no se volverá uno adicto a ver lo que antes no podía? ¿Será más triste la vida sin anteojos correctores, una vez que se descubre la variedad de colores del mundo? Antes de la corrección, puede que el daltonismo no signifique una molestia mayor que la de no poder jugar a ciertos videojuegos, y algún que otro traspié a la hora de comprar ropa. Pero una vez que se ve, ¿cómo se vuelve atrás?
"¿Qué color ves?" es una preguntan invariablemente daltónicos. Y es difícil explicar que no es tan así. El daltonismo (del leve, no la ceguera de color absoluta) equivale a ir por la vida con una regla que solo tiene marcados los centímetros, mientras que los demás tienen reglas milimetradas. Muchas veces estarán de acuerdo en la medida de las cosas; pero otras, el daltónico tiene una cierta incertidumbre. Olvidan, los de las reglas milimetradas, que la medida es distinta para cada uno, solo que no se dan cuenta: el margen de error es más pequeño entre ellos, lo suficiente para meterlo sin que nadie se de cuenta dentro de los adjetivos azul, verde, turquesa. Los daltónicos, en cambio, se quedan con su medición en la mano sin saber dónde esconderla. Es un problema fisiológico, sí, pero también lingüistico.
Cuántas otras percepciones habrá que, por no tener el componente lingüístico, pasan inadvertidas. Debe haber, sin duda "daltónicos" para los olores, capaces de percibir pero no de distinguir unos de otros. Pero como nuestro vocabulario para el olfato es mucho más limitado, nadie lo nota.
Hay un tipo de "daltonismo" que asombra por lo específico e inquietante: la prosopagnosia, que es la incapacidad de reconocer rostros. Las personas con prosopagnosia te reconocerán por la voz, por el olor, por el sonido de tus pasos, pero no por tu cara. ¿Cuántos matices se pierde esa persona? ¿Compensará con percepciones inéditas para los otros mortales? ¿Cómo será el amor de un prosopagnósico? La respuesta a esa última, igual, ya la sabemos: será distinto a todos, como todos los amores son distintos. Porque, finalmente, para desgracia de los vendedores de audífonos, no podemos entrar en la mente de los demás. Y sin embargo, ahí tenemos la empatía para ayudar, mal que bien, a representarnos a esos otros para los que siempre, cada uno a su medida, seremos daltónicos.
lunes, 31 de agosto de 2015
lunes, 24 de agosto de 2015
Día de hacer

—¿Sabés que las gallinas ponen un solo huevo por día? —dice el mayor, divertido y escandalizado—. ¡Uno solo!
Recuerdo al viejo escritor de Florida y su aseveración de que cada vez queremos las cosas más rápido. Nadie sabe fabricar un huevo, le respondo, remedando sin querer el Nadie puede fabricar una manzana de Eduardo. Es una cosa increíble, un huevo: un centro de yema alimenticia dentro de la clara protectora, dentro de una cáscara calcárea. Solo las gallinas saben cuánto tiempo es necesario.
Por otro lado (pienso, pero no le digo para no complicarle las cosas), cada vez estamos más cerca de la carne de laboratorio. Un huevo no debería ser tan difícil.
Más tarde, le comento la idea de un huevo artificial a mi amiga Clara, y le parece un horror. No entiendo la distinción, le digo, un huevo es un huevo: un globito de proteínas y ácidos grasos; pero no hay caso. El espíritu de la época incluye el horror frente a lo artificial, frente a la producción en masa. ¿Vieron Intensa mente? Todos lloramos con el destino de Bing Bong, el amigo imaginario de la infancia de Riley. En cambio, el sacrificio de cientos de novios igualmente imaginarios y dispuestos desde el vamos a "morir por Riley", es casi un rasgo de humor. ¿La diferencia? Bing Bong es único mientras que los novios... salen de una máquina. La teoría económica del valor se proyecta sobre el valor emocional. Se los dejo para que lo mastiquen.
De manera que tal vez nadie quiera huevos artificiales. Salvo las gallinas.
domingo, 23 de agosto de 2015
Día de tener miedo

Parecería que llevamos impreso el miedo a ciertos bichos: serpientes, arañas, insectos varios. Como un recuerdo de nuestro pasado de pequeños mamíferos. ¿Cuánto hay de instintivo, cuánto de aprendizaje social? No lo sé, pero sería interesante que lleváramos el miedo en genes que pudiéramos identificar. Sería como encontrar un baúl de los recuerdos genético. Escaso, apenas un par de fotos muy borroneadas, pero recuerdos al fin.
Un argumento en contra de esta idea es que los animales que no conocen al hombre no le temen. Y somos de temer. Circula por ejemplo la hipótesis de que los humanos nos llevamos puesta a la gran fauna del Pleistoceno, los bichos raros de las películas de La era de hielo. Y ya que hablamos de esas películas, sabemos con seguridad que los humanos extinguieron a los dodos, un ave de la que tenemos el nombre, un par de huesos y unos dibujos poco confiables. Una especie extinguida por la mera diversión de matar: el dodo no era bueno para comer, ni era plaga, ni constituía ninguna amenaza.
Quién te dice, tal vez exista esa memoria genética; tal vez el resto de los animales no la tiene acerca de nosotros porque somos sumamente eficientes a la hora de extinguir a otros.
sábado, 22 de agosto de 2015
miércoles, 19 de agosto de 2015
Día de inventar la perfección
Un mensaje de nuestros auspiciantes: "Obra maestra" era la obra que hacía un aprendiz para consagrarse como maestro de una actividad, en los buenos viejos tiempos de los gremios medievales. En esos días, los otros maestro juzgaban tu obra para admitirte al gremio. Hoy día es un concepto personal, no universal, por mucho que nos guste decir "esa película es una obra maestra". Y es distinto de "obra magna", aunque a veces se usen de manera equivalente.
De manera que pensalo bien: a lo mejor ya realizaste tu obra maestra, y es hora de considerarte parte del gremio que prefieras.
Día de vestirse de seda
martes, 11 de agosto de 2015
Día de buscar las palabras
Pero cada vez, de su boca solo salía un crujir de hojas secas; de su pluma palotes como de preso que tacha los soles.
Día de enfrentar al mundo

Dice un cuento sufí que hubo un hombre santo al que se le apareció un ángel. "Recoge agua del pozo", dijo el ángel, pues mañana el diablo hechizará el pozo y todos enloquecerán.
El santo recogió tanta agua como pudo y avisó a sus vecinos del peligro, pero nadie le hizo caso. Al día siguiente, todos habían enloquecido: hablaban y se comportaban de forma extraña. Pero al mismo tiempo, nadie se daba cuenta y seguían con su vida, pensando que todo era normal excepto el santo, que pensaban que había enloquecido.
Pasaron los días y el pobre santo quedó aislado de su gente, que lo miraba con pena mientras hablaban en un lenguaje nuevo de actividades y noticias que él no comprendía. Finalmente, resignado, el santo volcó sus vasijas, fue al pozo y bebió del agua. Entonces pudo entender lo que hacían los demás, esos que celebraban la curación milagrosa del pobre loco.
sábado, 8 de agosto de 2015
Día de permanecer incólume
Mirate al espejo. Mientras lo hacés, miles de millones de células mueren en todo tu cuerpo; miles de millones nacen. Tu piel se descascara constantemente, para alegría de los ácaros del polvo. Tus huesos, ese andamio incorruptible, también se degradan y se renuevan. El esmalte de tus dientes es el recuerdo más antiguo que llevás puesto.
Vas al mar
viernes, 7 de agosto de 2015
Día de distraerse
"Era como si las personas que me rodeaban poseyeran una información que nadie me había transmitido o como si en algún momento de su vida alguien les hubiera revelado un secreto que yo, por un motivo u otro, desconocía. Era así de simple: ellos tenían claro lo que hacían en el mundo, yo no."
Guadalupe Nettel, Después del invierno
Cualquier parecido con el "efecto Facebook" es pura coincidencia.
Día de perder el norte
Cottleston Cottleston Cottleston Pie,
A fly can’t bird, but a bird can fly.
Ask me a riddle and I reply
Cottleston Cottleston Cottleston Pie.
Cottleston Cottleston Cottleston Pie,
Why does a chicken? I don’t know why.
Ask me a riddle and I reply
Cottleston Cottleston Cottleston Pie.
Cottleston Cottleston Cottleston Pie,
A fish can’t whistle and neither can I.
Ask me a riddle and I reply
Cottleston Cottleston Cottleston Pie.
Poema de A.A.MilneMúsica de Harold Fraser-Simson
jueves, 6 de agosto de 2015
Día de molestarse ligeramente

Son las tres de la tarde pasadas; mis dedos fluyen sobre el teclado, o fluirían si la computadora no se congelara cada vez que uso el mouse. De pronto: hambre.
No un hambre cualquiera, sino un retorcijón totalmente improcedente en mi abdomen pequeñoburgués; un hambre atávica, inmisericorde, caníbal. Hambre de salir a cazar un jabalí y asarlo al espetón mientras lo unto con miel. Mentira: lo quiero ya. Hambre de jabalí crudo.
Y en la casa, lo sé, no hay prácticamente nada. Fin de mes. Voy a la cocina, reviso la alacena: todas cosas que necesitan cocción. No hay pan, no hay fruta.
En eso mis ojos encuentran un paquete arrugado, envuelto sobre sí mismo. ¡Hurra! Son tapitas de alfajor que trajeron mis sobrinas. Un alfajorcito con dulce de leche es la dosis ideal de gula y calorías limitadas. Saco dos tapitas y voy hacia la heladera cantando Like a virgin: You're so fine and you're mine and you know how to make me feel shiny and new. Madonna la compuso pensando en un alfajor, yo sé lo que les digo.
Abro la heladera, sé que está en algún lado. Por fin, detrás de los tuppers, aparece el pote de dulce de leche.
Pero algo está mal: la tapa ligeramente torcida deja ver el extremo de una cucharita. Tomo el pote, lo abro: vacío. Pero un vacío que hubiera enorgullecido a Robert Boyle; nada de restos que puedan rascarse; una limpieza quirúrgica. Pocos abismos más oscuros, malvados, llenos de vértigo y engaño que este. Mordor es un pelotero al lado de tanta maldad.
Mi familia bien, todos sanitos.
martes, 4 de agosto de 2015
Día de escuchar cómo crece el pasto

No son los medios.
No es la alienación de la vida moderna.
No es el mundo mecanizante del trabajo.
No es "el sistema",
Volver del jardín no es tarea fácil: sale entusiasmado los primeros veinte metros. Después se encuentra con los amigos, los que acaban de salir de la misma salita que él y esperan a los hermanos que van a primaria. Juega un rato, y salimos. Al lado del colegio hay unas canchas elevadas. Una especie de terraplén de material ofrece la fascinación de trepar. Más allá, no hay aliciente para avanzar: me toca a mí.
Justo cruzando la esquina, el edificio tiene un adorno singular, unos cilindros de hormigón cortados al sesgo. Desde sala de dos que esos son tambores. Nos metemos, golpeamos las superficies. Yo hago sonidos de tambor; él canta. La pasamos bien.
Hoy cruzamos la calle, se metióe entre los cilindros. ¿Qué vas a tocar?, le pregunté.
Golpeó con su manita el hormigón. No puedo tocar así, dijo y golpeó de nuevo. No son tambores, es piedra.
No es nada de afuera; no se culpe a nadie.
Es que la imaginación de chicos se nos pasa, la dejamosa atrás. A la otra, la imaginación de grandes, hay que armarla.
lunes, 3 de agosto de 2015
Día de emocionarse con cualquier cosa

Cuatro momentos emotivo-intelectuales cuatro
- Bart Simpson llorando porque, como siempre, ha reprobado un examen, pero esta vez había hecho el esfuerzo de estudiar.
- En una de las tantas entrevistas a Richard Feynman, cuenta el momento en que un rabino le dijo que determinado contenido de la Torá debía tomarlo como metáfora. El niño Feynman se pone a llorar porque entonces ya no sabe qué es verdad y que es mentira.
- La desazón de Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa al descubrir que ha llegado a la verdad por un razonamiento correcto pero con premisas equivocadas.
- La pesadilla de la científica encarnada por Jodie Foster en Contacto, al tener una experiencia importantísima pero personal e intransferible y por lo tanto inservible como resultado científico.
- De yapa, una alegre. En La estatua interior, la autobiografía de François Jacob, narra una pasantía en Estados Unidos en la que no logra llevar a cabo la reacción que necesita. Cuando ya faltan pocos días para el fin de la pasantía, deciden con su compañero de laboratorio declararse derrotados; llaman a sus parejas y se van a la playa. Mientras están ahí, se dan cuenta de lo que estaba fallando y vuelven corriendo al laboratorio para comprobarlo. Afortunadamente estaban en lo cierto, sino sus esposas los hubieran matado.
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