lunes, 19 de octubre de 2020

Andar por la sombra

Después de milenios en la oscuridad inventamos el sol. Y todo se vió. Y a casi nadie le gustó lo que vió. 
Pero hubo algunos que aprendieron a no pestañear, y siguieron mirando a casi todos.
Ahora es muy difícil que no se sepa quién anda por dónde y en qué compañías. 
Y aunque es lo que elegimos, y mucho lo pedimos, nos incomoda y nos inquieta.
Como los salvajes, tememos que la mirada ajena se lleve nuestra alma. Creemos estar condenados a perder la piel, como los habitantes de cierta isla, a causa de tanto exponer nuestra imagen.
¿Es necesario volver a vivir en cuevas?¿Está el futuro bajo la tierra?
¡Claro que no! No hace mucho más de medio siglo, nuestros abuelos y abuelas se paseaban bajo el sol sin miedo de insolarse. Llevando la sombra a donde fueran, una sombra propia a la medida.
Es un misterio que hayamos perdido esa costumbre, y es difícil que se vuelva a llevar, pero es innegable que si algo se hizo, se puede volver a hacer.
Está en cada uno hacerse una sombra para llevar y no mostrarse.
No cuesta nada y alivia mucho.




domingo, 18 de octubre de 2020

Desesperar

Nada de revisionismo autoayudista de la esperanza: a desesperar con los pelos al viento, corriendo a la deriva y gritando incoherencias.
A perder la calma y el sentido común.
A transpirar frío y tener palpitaciones, tomar de la botella y limpiarse con la manga.
Hoy es lícito golpear la mesa, las paredes, llamar a las ex y acordarse de las deudas. 
Ni que hablar de saqueos y autos incendiados en la madrugada.
Pero no tanto como se imaginan: para la mayoría la desesperación es miedo paralizante, no furia, ni mucho menos inimputabilidad.
Abandonados por los poderes terrenales y por el destino ¿qué pueden sentir que no sea culpa?
Hasta la culpa dura poco: es evidente para todos que no hay penitencia que valga.
Los actos de vandalismo se deben a los más duros y obstinados creyentes. Quedan pocos pero hacen mucho ruido, por contraste.
La esperanza no es un concepto a deconstruir, es un pilar del mundo cotidiano que sólo se puede derrumbar como las columnas del templo, aplastando a Sansón por gil. 

viernes, 16 de octubre de 2020

Tocar rapidito

Quién no se ha quedado alguna vez fascinado con uno de esos músicos virtuosos del piano, el violín o la guitarra, que parecen tener manos biónicas porque tocan notas tan veloces que el oído no llega a distinguirlas. Al margen de algunos trucos más o menos conocidos, como el glissando, los ligados o el tapping, los verdaderos virtuosos siempre de desembarcan con el numerito donde dejan de lado las trampitas y tocan todas las notas una por una a una velocidad diabólica.
Si tienen tiempo vean la película "Crossroads" donde el karate Kid hace lo suyo (derrotar al malo) con la guitarra. 
Una vez le preguntaron a Mark Knopfler qué les podía aconsejar a los jóvenes que lo admiraban y querían llegar a tocar como él, su respuesta fué: "qué toquen trece horas por día".
Una elegante manera de esquivar el bulto. Es cierto que para llegar a ciertos niveles de habilidad hay que practicar mucho. Pero no alcanza, hay que saber cómo practicar. Pero esto nadie lo dice porque es un secreto que permite a millones de profesores vivir de la ilusión de los que quieren llegar a virtuosos de un instrumento. Y es hora de terminar con eso.
En primer lugar, una regla muy importante: 
ANTES QUE TOCAR RÁPIDO HAY QUE TOCAR BIEN
Esto quiere decir que hay que empezar tocando pocas notas, pero haciendo que suenen musicales. Mejor tocar lento y expresivo que meter muchos dedos sin sentido.
También quiere decir que hay que cuidar la postura: algo que parece una molestia se convierte en una lesión grave cuando se llega a practicar durante horas.
Ahora viene lo bueno. Ustedes ya conocen las notas, saben algunas escalas y melodías, las repiten y repiten pero llegan a un límite, hay un ritmo más allá del cual no se puede pasar. En este punto lo que tienen que hacer es agrupar las notas, no tocar todas en un ritmo parejo, sino en series más rápidas. Primero haciendo pares, ej. LA-SI... DO-RE... MI-FA... Después en grupos de tres, después en grupos de cuatro. Lo importante es que vayan cambiando los intervalos que se hacen cortos y los que se hacen largos. (en el ejemplo, pasar a LA... SI-DO... RE-MI...).
Por último, para lograr continuidad en ciertas partes "difíciles", cambios de notas que según la digitación quedan incómodos, no caen naturales, la forma de superar esto es practicarlos AL REVÉS: tocar primero la nota de llegada y hacer el camino inverso (no de toda la melodía, sólo las notas posteriores al punto conflictivo). Después hay que hacerlo otra vez al derecho, eh. Una vez al revés y otra al derecho.
Con estos tres consejos pueden llegar a tocar todo los que quieran, sorprender a sus amigos, ser el alma de las fiestas.

jueves, 15 de octubre de 2020

Tirar piedras

Allá por los '90 se dió que en varios pueblos del interior llovían piedras. Bochas bastante grandes, capaces de hundir un techo en un descuido. Caían de noche en los patios de las casas.
Los noticieros mandaron equipos a inspeccionar y entrevistar a los lugareños. Los porteños nos decíamos que eran bolazos de la gente del campo.
Pero yo me enteré la verdad, es una de esas cosas que te hacen valorar el hecho de tener muchos amigos, o en mi caso, lamentar ser poco sociable. El hecho es que mi viejo tenía amigos por todos lados, uno de ellos vivía en el pueblo vecino a donde se dieron los piedrazos, y muerto de risa nos contó que todo se debió al desempleo. En sus palabras "los vagos estás sin trabajo, y como andaban aburridos y con mucho tiempo al pedo, se hicieron una catapulta con un elástico de camión".
Ya ven lo importante de combatir el desempleo.

miércoles, 14 de octubre de 2020

Encanutar

"Los que no saben guardar
Son pobres aunque trabajen"
Así lo dice el Martín Fierro, y vale tanto para abstenerse de consumir todos los recursos propios, como para guardar nuestros bienes de la codicia ajena.
No es que nos guste generalizar acerca de los malos instintos de la especie humana, pero un porcentaje definitivamente significativo de nuestros congéneres no tiene problema en tomar todo lo que esté a su alcance sin pararse a pensar siquiera en el principio de reciprocidad.
¿Y por qué iban a hacerlo? La reciprocidad no es natural, no es un instinto sino una regla de conducta social.
Lo podemos mirar por el otro lado ¿podemos garantizar la universal inclusión de todo el mundo en un colectivo regido por el principio de reciprocidad, cuyo colectivo sea capaz de responder a las necesidades de sus integrantes en forma recíproca a los sacrificios que les exige?
Claramente no. Luego, cada cual tiene que cuidarse el culo.
Está muy bueno compartir el conocimiento, por ejemplo: los datos, las noticias, la bibliografía, los yeites. Pero saben qué, a veces no. A veces hay que encanutarse algunos trucos y darse ventaja.

martes, 13 de octubre de 2020

Consultar a un abogado

 Creo que estamos de acuerdo en que la profesión peor vista es la abogacía, se los vé a un tiempo como aves carroñeras, parásitos y embrolleros. En general, se concibe a la abogacía como la profesión innecesaria por excelencia, algo que nadie pidió y se instaló en nuestra sociedad con el recurso de autolegitimarse.
Por supuesto, los más intensos denostadores de la abogacía suelen estar más a favor de las formas "expeditivas" de resolución de conflictos. Sintetizando, están a favor de la violencia, que en la práctica es la ley del más fuerte.
"Pero con los abogados reemplazamos la fuerza por la plata: el que tiene más consigue los mejores representantes".
Perfecto, pero las críticas nunca pasan por la desigualdad del sistema, sino que apuntan a quienes sacan un provecho de la abogacía. Curioso: los primeros parásitos en imponerse a las sociedades no fueron los hombres de leyes, sino los hombres de armas: ellos empezaron robando y luego se alquilaron como seguridad. 
Al final, el problema con los abogados parece una mera cuestión de envidia.
La envidia de los perdedores.

Con mucho hacer poco

Es un viejo dicho que se usa cuando se tienen insumos o herramientas grandes y poco precisas.
El tiempo es así: hay mucho, y se precisa tomarlo de a poco.
Para eso hay que ir encontrando diferencias, comparar tardanzas que son amplias, pero no iguales. Caminatas que llegan a veces lejos, y a veces no tanto. Cosas así.
Y de esas imprecisiones se van haciendo medidas más precisas.
También en el arte se llega al refinamiento de la técnica por repetición de los errores: la primera nota fué un golpe, el primer trazo una herida, la primera danza un tropiezo.
Volviendo al tiempo, decía que hay que tomarlo de a poco, como un trago fuerte, y hacerlo ritmo, antes que nos imponga su viscosidad.
A nadie le caen bien los babosos.

domingo, 11 de octubre de 2020

Pensar en todo

Vieron ese personaje de Los Premios que se entretenía tratando de ser consciente de todo' Normalmente hacemos ese tipo de experimentos cuando estamos fumados (curiosamente el alcohol no induce ese tipo de cosas). 
Para los que tienen la suerte de no haber caído en esa porción de Cortázar, la cosa va más o menos así: 
Considere el lugar donde está, su estructura, lo que lo rodea, los materiales que lo componen. 
Fije su atención en los objetos e individuos que comparten su espacio. Luego tome en cuenta los espacios adyacentes y quienes los ocupan. Recuerde que los demás tienen existencias complejas como la suya, recuerdos, ideas y puntos de vista propios. 
Repase los edificios las infraestructura, la flora y fauna parásita que convive con la civilización (donde sea que esté está la civilización, no se haga).
Examine el subsuelo, la corteza, las corrientes de aire y los meteoros.
Todavía no ha salido del microcosmos y la la imaginación tiende a simplificar las cosas. No se puede enfocar un aspecto del mundo sin que el fondo se vuelva genérico y estereotipado.
Cuando los fumados tratan de pensar en todo, fantasean desde el vamos una esfera de colores y resumen la vida en esa burbuja. Por eso sienten euforia.
El experimento consciente apunta a lo contrario, a la modestia.

viernes, 9 de octubre de 2020

Entrar a una sociedad secreta

Las sociedades secretas son el blanco constante de todas las conspiranoias, que no contentas con achacar cuanto evento adverso se cruza en el camino al accionar de las sociedades existentes, inventan sectas nuevas para poder cubrir todas las regiones de la existencia. 
Si miramos el papel que estas sociedades tuvieron en la historia de las luchas contra el poder y la opresión en todas sus formas, es claro que no hubo movimiento importante que no haya tenido su etapa clandestina.
Si nos muestran a las sectas como antros de perdición, círculos perversos que sólo quieren cojerse a los reclutas o inducirlos a prácticas sexuales aberrantes y denigrantes que los reducen a un estado de decadencia moral y pérdida de identidad, si es tan constante el empeño en demonizar a toda forma de asociación que carezca del visto bueno del estado ¿no tenemos que sospechar de la incomodidad que generan las agrupaciones de personas que simplemente pretenden proteger su privacidad?
Todos tenemos algún punto en conflicto con la representación oficial del mundo (entiéndase la versión de curso legal), todos sabemos que hay algún aspecto de la normalidad con el que no encajamos. Luego, todos tenemos un rincón en el que nos quedamos solos, aislados del resto, y cada tanto pasamos por ahí, es inevitable. Cuando estamos ahí sentimos la impotencia de ser el loco del pueblo, y ya sea que reaccionemos con vergüenza, ira o temor, terminamos evitando esa porción de nuestro ser.
Las redes sociales nos vienen ofreciendo una alternativa amigable: buscarse y conectarse a la distancia con quienes supuestamente compartimos esos elementos disidentes. Una jugada magistral: en lugar de correr atrás de las sociedades secretas para espiarlas y tenerlas mínimamente bajo control, les ofrecen la sala de reuniones. Quien quiera soñar que de ahí pueda salir algo útil, que siga soñando.
En resumen: nada puede reemplazar la potencia de las personas que se ponen de acuerdo al margen de cualquier otra pertenencia. Y mientras más profundo sea el alcance de los medios de control, con más seguridad se seguirá conspirando en secreto, y más necesario será.

jueves, 8 de octubre de 2020

Escuchar por última vez una canción

¿Te acordás cuándo escuchaste por última vez, digamos, "Tazas de té chino"?¿Podés decir si la escuchaste con atención, de pasada, o voluntariamente siquiera?
¿Te planteaste que no iba a haber otra vez?¿Alguna vez, con alguna canción?
¿Fué por hartazgo?¿fué por principio?¿fué por haberla incorporado al punto de no poder olvidarla?
¿Podrías volver atrás y cambiarlo?¿Volverías a escuchar todo?¿Qué sí y qué no?
¿Será un síntoma de crecimiento?¿Será un síntoma de vejez?
¿Cuál es la canción que alguien haya escuchado más veces?
¿Existe una canción de la que nadie se canse?
¿Se escribirá una canción nueva cada vez que una se pierde?
¿Qué secretos guardan las canciones que dejamos atrás?
¿Tendrán respuesta estas preguntas una vez que se hayan cumplido todas las tareas del año?

miércoles, 7 de octubre de 2020

Controlar esfínteres

Los chicos controlan esfínteres de a poco, en la medida en que su sistema nervioso madura, se "mieliniza", las neuronas se conectan y los reflejos rudimentarios se pierden. Hay gente estúpida que cree que "estimulando" a los hijos con premios o castigos puede adelantar este proceso, y consiguen casi siempre crear una marca de insuficiencia imperecedera, un sentimiento de incapacidad perdurable, y posiblemente un trauma inconsciente. Esos chicos tienen problemas de adultos que no saben de donde vienen, porque los problemas con el control de esfínteres se suelen dar a una edad en que no existe un registro biográfico de los eventos.
Lo loco del asunto es que el famoso control de esfínteres, que se supone "voluntario", es eminentemente automático, al punto si dependiera de un acto consciente andaríamos por la vida dejando un reguero de pis y caca. 
Afrontemos la verdad: no estamos a la altura de que se nos confíe la vigilancia de nuestro propio culo.
¿Será una consecuencia de la orientación cefalo-caudal de nuestros sistemas?
¿Será por esto que el perro, animal apto para la filosofía entre otros, persigue su propio tujes?
¿Será el mono que orina en su boca un mensaje crítico acerca del fin de los tiempos?
¿Llegó Deepak Chopra a afirmar "como cuando tengo hambre, cago cuando tengo ganas"?

lunes, 5 de octubre de 2020

Llamar un gato con silbidos

Si el futuro llegó hace rato, no creo que sea promovido para Navidad.  Ahora que  el bote volcó en mi ciudad, ya no hay tiempo de lamentos. Aunque el mono siga empañando ray-bans vas a volver a herirme otra vez, porque la noche tira una buena traición de mujer, como te gusta a vos. 
Vas como un ciego en la bodega bebiendo mucho vino malicioso: un héroe del whisky más que miraba el cielo justo a tiempo.
Un tipo pan comido que obliga a su aventura a brillar, tan chiflado y obnubilado con las muchachitas fatales que no son dulces, no. 
Ya llegó la hora de los marines que huelen a tigre. Montados a los contáiners, reclamando el botín que tenemos allí en mi remolque de mil caravanas. Yo me bajo acá: me voy trepando a los radares con mi delicioso campeón.
¿Cómo puede ser que te alboroten mis placeres?

domingo, 4 de octubre de 2020

Dorar la píldora

En la salud mental, la llegada de los psicofármacos significó una revolución. Los que hoy en día sostienen prejuicios contra las "pastillas", a veces debidos a malas experiencias propias o cercanas, a veces por cuestiones de pertenencia ideológica, o simplemente por identificación con ideas ajenas, no recuerdan que hace cincuenta años, el problema no era la medicación, sino el encierro.
Eso era control y poder ejercido de manera absoluta. Seres humanos sometidos al capricho de sus cuidadores sin más apelación que el dinero y la buena voluntad de sus familiares.
Al lado de aquello, que algunos pretendan que la medicación se usa para "dopar" a los pacientes, implicando que se pretenda anularlos, sujetarlos, limitarlos... bueno, es un poco ridículo: todos los proyectos de desmanicomialización sólo son posibles a partir de que existen medicamentos.
Estamos todos mil por ciento a favor de considerar cuidadosamente la relación costo-beneficio para el paciente, desde que todo fármaco tiene algún efecto secundario, y también a favor de que los pacientes participen en la decisión, bien informados y orientados.
Justamente lo que es nocivo es creer que una misma política es aplicable a todos, o "medicar" o "no medicar". Ya al plantearlo así se advierte la estupidez.
En un mundo perfecto, en lugar de salir a meter cuchara por reflejo a favor o en contra, nuestra respuesta sería siempre "depende".

sábado, 3 de octubre de 2020

Visitar un sitio histórico

Buenos Aires, donde vivo, es un lugar relativamente avaro de historia. De los hechos anteriores a la llegada de los españoles no queda casi evidencia, y ninguna que nos hable con nombre propio desde que, para nuestro mal, los borramos sistemática y decididamente.
Los amantes de la arqueología me van a desmentir, y también los cazadores de anécdotas. Pero no les presten atención: ellos encuentran "abundante" material simplemente porque como todo adicto, ante la escasez terminan por bajar sus estándares hasta encontrar suficiente substancia con que regodearse.
Lo cierto es que salvo las Invasiones Inglesas y la Primera Junta, los hechos históricos determinantes para nuestro destino ocurrieron lejos de la ciudad de Buenos Aires. 
Ya que no podemos remontarnos en el tiempo mucho más allá de los doscientos años, tal vez podríamos en cambio apreciar la historicidad de sitios que han sido testigos de eventos más recientes, pero comparativamente mucho mas terribles y profundos.
La fuente de la plaza del Congreso ahora se encuentra cercada por rejas, impidiendo que la gente se pasee por el monumento. Lo que es una verdadera pena, ya que de otra manera podrían leer la discreta placa colocada a media altura de uno de los laterales del pilar.
"En este lugar, el 28 de agosto de 1963, Juan Salvo y su grupo atacaron el puesto de comando de los Ellos, contribuyendo con su acción heroica a la defensa de la humanidad frente a la invasión alienígena."

viernes, 2 de octubre de 2020

Tomar el palo

"Estás desorientado y no sabés
que trole hay que tomar
para seguir"
Es algo que pasa especialmente cuando te recibís y empezás a trabajar: nada de lo estudiado tiene sentido. O mejor dicho: el mundo de sentido que incorporaste no tiene punto de contacto con el día a día de tu práctica.
Es un mapa fuera de escala con los nombres de las calles anotados en el reverso.
Como un ciego, hay que usar un palo y darle al mundo para que chille. 
De punta, de plano y cruzado.
Al final, después de mucho tiempo el mapa empieza a servir.
Mientras tanto es comer o ser comido, asi que ya sabés.


jueves, 1 de octubre de 2020

Hacer negocios

Si tenés que hacer negocios con alguien, la mejor manera es sentarse a comer. Comiendo llegás a conocer a los demás, y si son musulmanes, sabés que después no pueden asesinarte, como sí puede hacerlo un cristiano.
Mi regla personal es nunca hacer negocios de materias que no maneje, o sea, de nada en realidad. Pero al margen de eso, hay que estar siempre dispuesto a aportar recursos propios, y tener cuidado de no arriesgar los ajenos sin consentimiento.
Mucha gente cree que pierde la cabeza con los negocios, pero lo que les pasa es que quieren siempre más dinero. Hay que separar las dos cosas.
Negocios son pactos de colaboración, ganar plata es un fin entre otros, y uno que tiende a torcer la colaboración. Pero se necesita conseguir plata, es algo engañoso.
Por eso hay que juntarse a comer antes, después no hay tiempo, porque el propio hay que ponerlo todo.
Al final termina siendo una de las experiencias de desprendimiento más completas.
De hecho, no van a ver a ningún tacaño haciendo buenos negocios.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Llenar el vacío existencial

La filosofía puede andar muy descaminada. Necesariamente, porque seguir las articulaciones del discurso, del pensamiento, la razón, o incluso del álgebra siempre termina en un descalabro. Pero si en algo se han topado los pensadores de toda época de manera unívoca, repetida y contundente, es con la profunda ausencia de finalidades últimas que puedan ser propuestas a la humanidad considerada como un todo, y mucho menos representada por cualquiera de sus encarnaciones singulares.
Los médicos pueden observar que típicamente la sensación de vacío se debe a deshidratación, hipoglucemia o falta de serotonina. Y proponer soluciones prácticas a todas esas condiciones. Hagan la prueba: el agujero negro en el fondo del espíritu humano sigue ahí, porque es a donde conducen todos los hilos.
Sin ese hueco no tenemos literalmente posibilidad de existir como seres pensantes, conscientes, o como dicen ahora (horror) "sintientes". Porque si realmente existiera un punto de apoyo que determine el sentido de todo, la mente no pasaría de ser la pura ejecución de un algoritmo muy complejo.
Nadie que tenga una razón real de ser puede ser alguien. Las razones, si fueran reales, nos destruirían.
Se ha visto pasar, incluso.
Así que en lugar de cerrar ese agujero, hay que llenarlo de cosas: comida, regalos, chistes, canciones, cuerpos, artefactos.
Un lugar lleno no se puede cerrar del todo nunca.

martes, 29 de septiembre de 2020

Correr como loco

Cuando se dejan de escuchar los ruidos a que nos acostumbramos al punto de no sentirlos, en nuestra mente aparece un sentimiento difuso que no llega a ser alarma pero tampoco es la tranquilidad que se imagina la gente que vive en zonas ruidosas cuando seña con mudarse a un lugar tranquilo.
Los oídos, que siempre están soportando una carga constante de basura acústica, reaccionen como el cerebro de un adicto en abstinencia, creando sus propios ruidos con que aturdirse. Pero por supuesto que fracasan, y uno empieza finalmente a tomar un principio de consciencia del hecho de que algo no anda bien, tal como lo vienen presintiendo las entrañas, que al no tener un aparato de interpretar, pueden recibir las noticias de la realidad sin la mediación de la idea.
Cuando el destino cuelga de un hilo, y el mundo que conocemos se inclina sobre el filo de una giro catastrófico, hay un precioso momento de lucidez clarividente, un instante donde la noción de lo que se viene es tan precisa y real que alcanza el nivel del ideal de la belleza aristotélica, ocasionando esa parálisis del ser que contempla sin más, colmado por la incumbencia de la verdad en su alma indivisa.
Él es en un todo no otra cosa que el saber sobre la única cosa que puede anunciarse de manera unívoca.
Se pudrió todo, rajemos.

lunes, 28 de septiembre de 2020

Hacer bullicio

Uno de los capítulos memorables de Los Simpsons, ese donde Homero va a la universidad, tiene que pedir ayuda a los nerds más nerds, y termina organizando una hilarante cadena de bromas pesadas que terminan invariablemente mal. a
Todo el capítulo es una cadena de inversiones de sentido, como en el grotesco, heredero del carnaval tradicional, se invierten las cosas. Homero, el ya-no-joven, es el irresponsable, el director toca en una banda, los estudiantes disfrutan sus obligaciones y se fastidian con las diversiones propuestas por Homero.
¿Será así, o será esa la verdad acerca de la diversión? ¿No resulta una carga la gente que quiere agitar todo el tiempo y sacar a los demás de sus rutinas y sus "zonas de confort"? 
Que el carnaval dure unos días al año pudo ser tanto una imposición de los ricos para que los pobres trabajen, o una conquista de los pobres que necesitaban trabajar para vivir y no pueden sostener el ritmo de parranda de los ricos sin perjudicarse.
Seguro que es mucho más fácil hacer bullicio cuando se tiene el ingreso asegurado.
Para el resto es una misión, un desafío, una tarea compleja de recompensa incierta. 

domingo, 27 de septiembre de 2020

Pedir perdón

Los judíos tienen la tradición de pedir perdón una vez al año. Lo que piden en realidad es que el dios los anote para un año más en el libro de la vida. Fuera de esto, pedir perdón ya es un acto tan desdibujado que se volvió un equivalente de ofrecer disculpas, una confusión facilitada porque las mismas disculpas tanto da pedirlas que ofrecerlas. Parece un caso que confirmaría la teoŕia de que las palabras tenían originalmente un sentido reversible, denotando al mismo tiempo un sentido positivo y negativo, activo y pasivo.
Como "huésped", que señala a veces al sujeto y a veces al objeto de la hospitalidad.
Y perdonar es un poco ser hospitalario, alojar bajo el techo del lazo social.
Pero más bien creo que la culpa de que el perdón se haya degradado es de la educación. A los chicos se les PIDE que PIDAN perdón, se les exige que cumplan con un ritual que al final se reduce a pronunciar una sola palabra.
Con eso, se termina en que en lugar de pedir a los demás que nos comprendan, lo que hacemos es mostrarles sometimiento "mirá, hago lo que me pedís, pido, me humillo".
Si los ritos iniciáticos tienen como base el estado de humillación del novato, los rituales de redención los replican.
Nada que ver con el sentido verdadero del perdón, que debería ser un regalo nacido de la generosidad del alma.
Cierto que si es por la generosidad de nuestros semejantes, estamos fritos.

sábado, 26 de septiembre de 2020

Mirar una película en blanco y negro

A los ocho años ví por primera vez un TV color, uno con control remoto, además. Por supuesto que lo primero que hice fué tocar los controles hasta encontrar la forma de poner la imagen en escala de grises. Después me pasé un rato experimentando variaciones desde el sepia al color saturado, pasando por toda la gama de tonalidades de foto vieja, día nublado o revista de historietas.
Tengo que confesar que al margen de esa manía infantil de buscar lo mismo en lo otro, el blanco y negro en la tele no funciona para nada como en la fotografía. Es sabido que cualquier foto más o menos bien enfocada se vuelve artística pasada a blanco y negro. Con los programas televisivos pasa algo diferente: con poco contraste parecen programas viejos de esos que repetían por décadas, con más contraste se convierten en películas viejas de esas que sólo siguen pasando porque los herederos de los autores tienen cargos en los canales.
Comparativamente, el cine en blanco y negro es mucho más placentero, no se parece en nada a las cosas de todos los días del pasado, ni a las cosas que en el pasado parecían especiales.
Las películas en blanco y negro recuerdan al cine europeo donde por primera vez se veían minas en tetas, gente drogándose y señores en culo.
¿Dije placentero?

viernes, 25 de septiembre de 2020

LLamar al Pompero

Cuentan los pibes tumberos que cuando alguien silba de noche, se aparece el Pomperito.
Es un petiso de patas cortas y brazos largos, te mira y te pide cigarrillos. Si no tenés cigarrillos para darle, te da a elegir entre golpearte con el puño de plomo, o con el puño de hierro.
Es un gran estímulo para promover la generosidad y el desprendimiento. Y para hacer el hábito de tener una reserva de cigarrillos.
Los que no fumamos nos enfrentamos a duras consecuencias, pero sólo si no resistimos la tentación de silbar en medio del silencio nocturno. Ya sea para entretenimiento, como argucia de seducción, o como señal a un cómplice, el silbido es una herramienta filosa, una gillete que deja sangrando la noche.
¿Y quién hace eso? Los tumberos, cuando andan sueltos.
¿Y quién el es Pompero? Un duende bromista que nunca consigue divertirse.

jueves, 24 de septiembre de 2020

Ladrar

El perro del hortelano no come ni deja comer.
Es como un guardabosques del patrimonio universal. Como se ve, todas referencias al reino vegetal, metáforas acostumbradas que nos hablan de enterrar la batata, chupar los limones, comer la papaya, sentarse en el pepino.
El perro cuida la huerta, protege los frutos pero no puede gozarlos. Y por si esto fuera poco tiene que soportar el desprecio de todos. Una vieja costumbre, esa de poner en la picota los roles esenciales: pasa con los recolectores de basura, con los árbitros de fútbol y con los que la chupan.
En el caso del perro, ni eso tiene.
Porque los perros comen carne, no fruta.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Amar en secreto

Hay una edad en que nos ofende el amor. No sólo los nenes ponen cara de asco si les hablan de besos, flores y corazoncitos. A las nenas les tienen que llenar la cabeza desde todos los frentes para que se enganchen con la escenografía romántica. Si es por ellas no te tocan un pintalabios. Y para más pruebas, si de casualidad se tienen que enfrentar a una versión menos edulcorada del amor, las nenas sienten lo mismo que los varones: asco.
En el fondo, aunque no sepan realmente de que se trata, los chicos intuyen que se trata de compartir funciones corporales, y las que ellos conocen son todas chanchadas.
Pero los chicos también tienen sus amores, y como son chanchadas, los tienen sin que los grandes se enteren.
Cuando se enteran, algo se rompe, ya sea que los castiguen, ya sea que los ridiculicen, o que los feliciten.
Todos los pasos en falso de los adultos tienen la misma raíz: creen que los chicos estan haciendo cosas de grandes, ignorando el abismo que separa la sensualidad infantil de la adulta. Los niños tienen otros juegos donde imitan a los adultos, mejor dicho imitan las escenas rituales que nosotros llamamos vida.
Uno quiere creer que el secreto de la felicidad indestructible es haber salido indemne de esas interferencias, por suerte o astucia haber podido guardar en secreto esos amores distintos, de una rara torpeza que nunca es tropiezo.
Pero también, qué pobres serían nuestros amores serios si alguien no los hubiera confundido alguna vez con los secretos.

martes, 22 de septiembre de 2020

Publicar una idea

Quién tuvo alguna vez una idea? Todavía la tiene? Qué está esperando? Las ideas que no se exponen, se convierten en espinas. Las ideas hacen agujeros en el sentido común. 
Las ideas siempre se copian, se roban, se falsean. O se olvidan, que es peor.
Una buena idea tal vez no sea la que está dando vueltas en su cabeza: seguro necesita estirarse para saber qué tiene que decir.
Quiere que sea sólo para usted? Pretende casarse con una idea? A dónde la va a llevar de luna de miel?
No se da cuenta que de donde vino ésa van a salir más? Si tiene tanto miedo de perderla ¿será que no puede hacer más?
Será que tampoco hizo esta?
Las únicas ideas que se atesoran son las robadas.

Cerrar la puerta

Cierren la puerta, apaguen las luces. Dejen los bichos afuera. Pongan la carne en el horno y las botellas en la mesa.
Dejen la calle para los fantasmas. Acerquen la silla a la estufa. Cuelguen un farol en la ventana.
Ignoren los llamados, silencien a los perros. Tengan a mano un almohadón.
Hablen lo justo y necesario. Detengan los relojes. Carguen al niño en brazos.
Cierren la puerta, que aunque está cerrada está abierta.

domingo, 20 de septiembre de 2020

Rascarse a cuatro manos

"Claro, es domingo, día de descanso". 
No, señores. No se trata de hacer fiaca, sino de que el agua de red viene con tanto cloro que bañarse ya es parecido a frotarse con soda cáustica.
¿Qué les pasa? ¿Se compraron el dióxido de cloro?¿Nos quieren sacar lo negro a fuerza de blanqueador?
¿Creen que con eso se compensa la cantidad de gente que circula y se junta a pavear por la calle?
Como decía Guillermo Navaja de Occam, la explicación más sencilla es la correcta: son unos roñosos que no se bañan nunca.
Todo eso del yoga, mindfulness, todo ese coaching y el Arte de Vivir, todo ese espiritualismo tiene como eje central la mugre. No me explico cómo es que respiran tanto con la baranda que deben acumular. La catinga! 
Así como la aristocracia puso de moda vestirse de blanco para excluir a la gente que trabaja y se ensucia, pusieron de moda la piel blanca primero para separarse de los que andaban al sol, y la piel pronceada después para diferenciarse de los que no pueden veranear todo el año. Ahora deben haber puesto de moda no bañarse para dejar en evidencia a la gente que no puede pasar toda la vida con aire acondicionado y transpira.
En tres años vuelve la peste negra.


sábado, 19 de septiembre de 2020

Romper los juguetes

El que no rompe sus juguetes nunca llega a tener cosas de verdad. Que no te engañe la metafísica que quiere hacer de todo un juguete: fué redactada por los que nunca pusieron las manos en algo más pesado que una pluma.
Para el fatalismo, nosotros mismos somos juguetes del destino, de los dioses.
Es la misma doctrina paralizante que patrocina el más allá, la eternidad, para que la gente se quede en el molde.
No. Nada real se consigue mientras estén los juguetes en funciones. 
Por eso los viejos envidiosos pretenden que los juguetes de antes duraban un montón: lo que les molesta es que ahora se cambiar por otros nuevos.
Esos también hay que romperlos.
Y seremos como dioses.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Pensar mal

Gracias a los protocolos de prevención, los centros de internación están cerrados a las visitas. Si les parece duro que un paciente pase quince, veinte días sin ver a sus seres queridos, les comento que un tratamiento de adicciones en modalidad de internación implica como mínimo tres meses de internación sin salidas, que según el tipo de tratamiento pueden ser seis o doce, y que si en tiempos normales los pacientes suelen pasar luego a tener permisos de fin de semana, actualmente no se permite que un paciente salga y vuelva a ingresar sin antes hacerse un hisopado.
Esto hace un poco más comprensible para la gente común el hecho de que más pacientes abandonen los tratamientos, o simplemente se fuguen (los centros de internación no son cárceles, ni siquiera las clínicas psiquiátricas, las personas pueden irse en cualquier momento ¿qué creían?).
No piensan lo mismo los familiares de los pacientes: sus hijos, hermanos y parejas no van corriendo a casa porque los extrañan, sino que llegan amanecidos y con resaca, después de haberse colocado minuciosamente.
La verdadera causa de la correlación entre la falta de visitas y las fugas de los adictos es muy obvia: las visitas les llevan droga.
Si les parece duro que un paciente pase quince veinte días sin ver a sus seres queridos, imaginen pasar seis meses sin drogarse.

jueves, 17 de septiembre de 2020

Descubrir la pólvora

Saben por qué "El Código Da Vinci" vendió tantas copias? Por qué las telenovelas mal llamadas románticas y las series que en realidad son telenovelas tienen tanto público? Porque a la mayoría de nosotros nos gusta jugar a descubrir la verdad. No, de verdad no, porque la verdadera curiosidad se frustra en la infancia de una manera tan amarga que nadie quiere volver a eso... bueno, casi nadie.
Pero descubrir boludeces, eso sí funciona. El famoso retorno de lo reprimido...
Siempre dije que Nirvana era la versión '90 de Creedence y finalmente lo comprobé.
La evidencia empírica que lo demuestra es la versión de "The man that sold the world" que hicieron en el Unplugged de MTV y que no sólo es mejor que la de Bowie (que ya es mucho decir), sino que es la versión que debió haber sido siempre de esa canción.
Uno se pregunta cómo es que salió tan bien con la voz de alambique de Cobain.
Después de tenerla pegada muchos días -muchos días- encontré que el abrojo que la abrocha a la mente son los dos o tres detalles que tiene en común con "Have you ever see the rain". Y ahí se aclara el misterio: aunque la compuso Bowie, es un tema de Creedence, que al final grabó Nirvana.
Porque la Naturaleza se abre camino, y el Arte es la Naturaleza en su máxima expresión. 

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Jugar con las luces

Lucecitas de colores. Ahora cualquiera se compra uno de esos cositos de led que traen de China y cumple su fantasía berreta de que su balcón parezca un boliche.
Bueno, no cualquiera, sólo los viejos que iban a los boliches en los años 80 aprecian eso.
Los que entonces éramos muy chicos para salir, años después íbamos a los telos que tenían botoncitos para las luces de colores, y eso casi casi compensaba la sordidez de cojer en un telo.
Bueno, probemos, capaz compensa el no salir nunca de casa.
...
Es mejor que decorar la casa como un telo.

martes, 15 de septiembre de 2020

Lavarse las manos

La especie está condenada desde que las acciones más útiles al bien común, como la delación, la fuga y la delegación de responsabilidades son el summum de lo despreciable. No hay nada que pueda hacer la educación, el folklore es soberano. Lo que en el idioma de la infancia es motivo de burla, jamás será honorable en la madurez.
La única explicación posible es que la religión cristiana evolucionó para destruir a la sociedad. A Judas, un arrepentido, tal vez un espía, lo volvieron el mismo enemigo. A Pilatos, que le dió poder al pueblo, lo pintaron de pusilánime. Y que la gente haya terminado por aceptar esta manera de ver las cosas, un síndrome de Estocolmo que mamita querida.
Bien se sabe que cuando se toma una decisión que afecta a los demás, nadie queda contento, siempre hay quejas. Y es lógico, porque decidir por los demás está mal.
Pero los filósofos, desde Sócrates hasta Sartre se la pasan fustigando a los que quieren ser algo menos que tiranos. Seguramente los pensadores nunca dejan que sus actos bajen de la categoría de la epopeya.
Ahora se puso de moda en los manuales de autoayuda esa muletilla de "soltar", "aprender a delegar", se vuelve más sospechoso el olvido del arte de lavarse las manos. No hay misterio en eso: lo que nos quieren convencer es de sacarnos de encima los que nos conviene, pero dios no permita que dejemos de pagar por todo.


lunes, 14 de septiembre de 2020

Poner culo en tierra

En las artes marciales existe la filosofía de que todo es un arma, en judo y aikido, por ejemplo, el suelo es EL arma por excelencia. Y "caer" es un sinónimo de hacerse daño, en todos los idiomas. La culpa de eso la tiene la posición erguida, claro: no se cae lo que no se levanta. Pero es tarde para lamentarse, a lo hecho, pecho. Aunque como forma de afrontar una caída, no es nada recomendable.
La evolución, con esos reflejos que olvidamos para gozar de movilidad voluntaria, nos puede dar un ejemplo para que entendamos que a veces lo que nos parece un síntoma molesto, tiene en realidad mucho sentido.
Vean a un bebé que apenas empieza a pararse: al menor indicio de falta de estabilidad, los músculos de las piernas se distienden de golpe ¿Les tiemblan las piernas? Es el viejo reflejo haciendo de las suyas a pesar de que la corteza les dice a los cuádriceps que mantengan el todo.
Cuando el bebé se asusta, se cae de culo, cae sentado a una posición que domina, con suficiente base de sustentación para recalcular todo tranquilamente y empezar de nuevo.
Pero es cierto: si nosotros tratamos de hacer lo mismo nos rompemos algo, o por lo menos nos hacemos un chichón feo. Con nuestras proporciones estilizadas (verbigracia: panza) caemos sobre un codo o una rodilla.
La cosa es aprender a caer. La forma es empezar por el punto de llegada. Hay que estar en el piso, y empezar por encontrar una posición donde no duela ningún hueso. Desde ahí hay que empezar el camino inverso, gradualmente, levantándose un poco y volviendo. Siempre volviendo a la posición donde el culo ya no se quiere mover.

domingo, 13 de septiembre de 2020

Leer una novela romántica

Cuando te enterás de que "Bésame mucho" fué compuesto por una adolescente, y que habla estrictamente de besos, porque en eso pensaba, en besarse, parece claro que sólo desde el punto de vista de la falta de experiencia tienen sentido todas esas historias de amor que se resuelven a través de obstáculos.
Las leemos para volver, no tanto a la "inocencia" como a la curiosidad, a la época en que había cosas por descubrir, y las buscábamos en los libros. 
De las historias románticas, las mejores son las comedias, claro. Los dramas tienen el defecto de querer parecer realistas, queriendo resultar creíbles apuntan que el lector haga el menor esfuerzo posible para alcanzar la complicidad con la ficción. Es una práctica que embota los sentidos, la inteligencia y la capacidad para el ridículo.
Por otro lado, el paso de comedia está en que nunca termina de pasar nada, pero no como en los Dublineses de Joyce, sino como en las historias del Chapulín Colorado. No es raro que las series se hayan asimilado el formato que tan buenos servicios le puede prestar a la continuidad indefinida. Todo es un gran tropezón.
También existe la posibilidad de que historias como las de Dublineses no sean más que un largo y elaborado chiste. 

sábado, 12 de septiembre de 2020

Hacer la tarea

Ya es bastante malo que la escuela tenga por destino central acostumbrar a los chicos a cumplir un horario de trabajo. Al menos eso les sirve para sobrevivir en un mundo donde tener un empleo es casi la única alternativa. 
¿Cómo se explica que además se avenga a demandar tareas en casa? No es que sea un a exigencia excesiva: eso estaría en línea con su vocación esclavista. Es la contradicción misma: en lugar de hacerte trabajar vigilado, te mandan a donde podés hacer todas las trampas.
Así que hacer la tarea sólo te acostumbra a cumplir exigencias sin sentido práctico, con los recursos  que consigas y el menor sacrificio posible.
¿No sería mejor enviar a los chicos a jugar videojuegos?

viernes, 11 de septiembre de 2020

Tomar partido por el más débil

 La debilidad es universal. Ya ni debería hacer falta recordarlo, pero todos, absolutamente todos los seres humanos tienen en su haber la experiencia del desvalimiento.
Nadie se acuerda de eso. Son experiencias tan tempranas que son previas a la memoria misma. Apenas queda huella más bien de la respuesta, una memoria en acto. Por otro lado, a lo largo del desarrollo se pueden repetir situaciones que replican el estado de debilidad primaria. Esos eventos se suceden en situaciones puntuales, particulares en la vida de cada individuo, y en cada ocasión, se asocian con las huellas de las experiencias pasadas, en una cadena que puede ser más o menos continua para cada uno.
Algunas personas no llegar a hacer ese proceso que asimila los registros más básicos con esquemas más elaborados, y los convierte en memoria emotiva. Las personas que olvidaron su desvalimiento, suelen con más frecuencia tratar mal, discriminar o divertirse con el maltrato.
Tal vez porque en lugar de incorporar esa memoria la fueron rechazando, disociándose. Tal vez porque prematuramente se identificaron con los más fuertes, aunque fueran también rivales. 
La única chance de sentir la debilidad absoluta sin querer olvidarla para siempre, parece ser que haya cerca alguien fuerte, alguien en posición de suspender el dolor. La identificación con el otro que cuida es la misma que con el otro que maltrata, en el fondo, la diferencia depende de la circunstancia.
El resultado no es un rol opuesto, sino memoria en un caso, sentido y sentimiento de unidad, y en el otro, un empobrecimiento, limitación de la personalidad, rigidez, paranoia.
Aceptar la debilidad, cura y a la vez previene.

jueves, 10 de septiembre de 2020

Peticionar a las autoridades

Es la mejor forma de aprender que la "democracia representativa" es una pésima idea.
En toda forma de gobierno se delega el poder en un cuerpo que tiende, por la fuerza misma de las cosas, a concentrarlo y retenerlo.
¿Qué utilidad tiene remarcar la irreversibilidad de esta delegación por escrito?
Como el Tai Chi, peticionar no sirve para nada. 
Las acciones que no tienen un fin utilitario son las que más enseñan.
A peticionar, a peticionar.
Que el Estado es nuestro es tuyo y de aquel
De Pedro y María de Juan y José... 

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Entrevistas laborales

Antes de los años noventas con su veinte por ciento de desempleo, no se conocían las entrevistas laborales.
Estaba el día de prueba, que se cobraba, estaban las recomendaciones, estaban los concursos y actos públicos, donde sólo se toman en cuenta datos objetivos sin relación con la idoneidad.
Las agencias de personal temporario operaban por costumbre, por recomendación de pares y acomodo.
El tema de la inserción laboral se daba como una fatalidad.
Por supuesto nadie añora la fatalidad.
Después vinieron las madrugadas de hacer fila con el diario bajo el brazo, las horas pateando la calle. Y después, para terminar con ese espectáculo degradante, llegaron las CONSULTORAS, como empezaron a llamar a las agencias de empleo.
En lugar de esperar en la vereda para entregar el currículum y responder preguntas más o menos a la moda, se concurre con cita previa, o no tan previa, a una oficina muy moderna para tener una entrevista de lo más distendida y moderna con una profesional impecable que evalúa con técnicas precisas nuestro potencial para encajar en un nicho corporativo.
También aparecieron a partir de los noventas un montón de chiringuitos que supuestamente te preparan para desenvolverte con éxito en esa jungla neolaboral.
Todo es verso, eh.
El único truco infalible para ser seleccionado es representar con éxito el estereotipo de clase buscado. Ese y no otro.
Hay que hacer carne la actitud de que el proceso de selección es bilateral. Hacer muchas preguntas.
Las empresas que no quieren preguntones, son garcas.
No hay que trabajar para garcas en la medida de lo posible. 
Y si se tiene la desgracia de trabajar para ellos, en la primera oportunidad venderlos a la AFIP.
Y avisar de esto en las entrevistas sólo simplifica las cosas.
Simplificar el proceso es todo lo que se puede pedir. Que se pierda menos tiempo.
Al fin y al cabo, no lleva tanto tiempo elegir con quién acostarse: un par de vueltas, una o dos miradas, y ya.
(otro día referimos el acertijo de las monedas, donde se ve que no hacen falta muchos pasos para decidirse)
He oído que algunas empresas están volviendo al viejo sistema de la recomendación por pares.
Brindemos por el retorno de los antiguos mecanismos de consolidación de las clases sociales, a los que tantas novelas clásicas debemos.
Nunca nos dejemos convencer de que les debemos otra cosa.

Comparaciones injustas

La franela no es como la gamuza. Comparado con Napoleón, cualquiera es una bala perdida. Cuando Arquímedes pedía un punto de apoyo, estaba pensando es esto: no hay prestigio, confianza o determinación que sobreviva a una comparación malintencionada.
Las cosas que nos rodean, las personas que conocemos, no tienen verdaderas conexiones, somos nosotros los que miramos y decimos "esta piedra es dura, esta fruta es naranja". Una vez descubierto, este poder se extendió sin límites, se perfeccionó, se sofisticó, se convirtió en una necesidad.
Claro que no es lo mismo que un ataque nuclear. Nada es como un ataque nuclear. 
Pero si no es lo mismo un juego de palabras que una bomba, tampoco es lo mismo un mono con navaja que un palo en el culo.
Y si te queda alguna duda, preguntale a un par de tazas de te.

lunes, 7 de septiembre de 2020

Mezclar bebidas

Lo sorprendente del mito de que no hay que mezclar bebidas es que haya quien lo suscriba. Que los borrachos se excusen con eso para disimular su falta de control es folklore, y podemos entender que sus parientes les acepten esos chamuyos.
¿No es más nociva, por ejemplo, la moda de los vinos "varietales", esos que se hacen con una sola clase de uva? Miguel Brascó, el de "Pascual Echagüe los mide, Mansilla los mata", llegaba a decir que en muchos casos eso de los varietales era lisa y llanamente un timo, que las bodegas simplemente trataban de sacar un corte regular y le ponían etiqueta de Malbec, Cabernet o Sirah.
Dicho sea de paso, el Sirah es vino picado, pueden conseguirlo dejando al sol una botella de tinto regular.
"Ortigoso" dicen en Chile, donde hasta hace un tiempo era común que cada pequeño terrateniente hiciera su propia vendimia. 
Uno podía parar a comprar una damajuana, y si tenías las cartas de presentación adecuadas, te hacían probar muestras de vasijas horneadas en los tiempos de O'Higgins, mostos puestos a macerar en distintos momentos de la temporada, que van saliendo más o menos maduros, y ahí era cosa de sentarse a cortar un poco de éste con aquél, probar, rectificar, volver a probar, y así hasta terminar con un peludo épico.

domingo, 6 de septiembre de 2020

Dejar secarse la salsa

Es domingo de pasta, por supuesto, además de ser generoso con el huevo a la hora de amasar, es crucial que el tuco salga rico. Hasta los fideos comprados más comunes son un plato decente si la salsa es una locura.
Ingredientes secretos? Componentes exóticos? Glutamato?
Nada de eso, lo que tienen que hacer es dejar que se seque hasta que el tomate se pegue al fondo, incluso se queme un toque. El verdadero sabor a tuco viene de un cocinero distraído.
No demasiado, eh.

sábado, 5 de septiembre de 2020

Comprar un disco

Será algo anacrónico, pero también snob. Puede ser tanto un ejercicio de nostalgia como un cliché de actitud pseudo alternativa. Ojo, también puede ser una inversión plenamente racional: los discos son artículos en vías de extinción, pronto objetos de coleccionista.
Lo mejor, para mi, que tenían los discos es que no había más remedio que comprarlo todo, así, con el tema de difusión, pegador y pegadizo, que se buscaba, todo el mundo se comía la cola de composiciones raras y caprichosas que los músicos mechaban entre los hitazos. Así nos cultivaba Charly García también en sus recitales: "Un par de cultas más y después tocamos rocanrol hasta el final, chicos".
Ahora esto es cosa de los raros, los nerds de la música que quieren escuchar hasta el último pedo.
Si nos ponemos de acuerdo, metemos un algoritmo que intercale esas canciones que los artistas consideran sus predilectas. 
Total, de una manera o de otra estamos poniendo nuestras preferencias en manos de alguien más. 
No hay nada más necesario: librados a nuestro criterio nunca pasaríamos de escuchar nuestros propios ruidos intestinales.


viernes, 4 de septiembre de 2020

Dar explicaciones

Churchill decía que no había que explicar ni lamentarse. Como buen psicópata de fuste, hacía una filosofía de su biografía moral. Pero es cierto que las explicaciones tienen ese tufillo de mala conciencia que les da mala fama y las fué convirtiendo en una costumbre del pasado. Y el pasado siempre es torpe, bestial y pobre.
Lo cierto es que la didáctica me ha sido siempre ajena. Me subleva que las cosas no se intuyan por su propia evidencia. Es hora de entender que esto es también una barrera.
Explicar puede que no sirva para nada, pero también puede que de algo sirva.
El primer efecto sensible, es que en cuanto uno explica, se pone en deuda, porque gracias a Aristóteles siempre arrancamos avisando qué vamos a decir. Supongo que acá hay lugar para que la práctica permita abreviar ese paso, resumiendo la explicación en una acción directa.
Lo segundo es que aprendemos: aprendemos de la manera más dura que no sabemos lo que hacemos. Lo que pensamos que hacemos es una fantasía. Eso nunca pasó.
Después de haber dado explicaciones, sobre todo si resultaron "satisfactorias", uno se encuentra como vacío, esa clase de vacío que se siente al descender en una montaña rusa. Una ingravidez que seguramente viene de haberse contorsionado para poder verse y representarse.
Y también, seguramente, deber ser que uno se sacó las ganas en el camino.

jueves, 3 de septiembre de 2020

Progresar

Progresar es lo contrario de regresar, como egresar es lo contrario de ingresar. 
Siempre que se hable de progreso, habrá daño, como siempre que se hable de regresión, lo que hay es gente molesta.
Es curioso que el pase de ingresante a egresado se considere un progreso, teniendo en cuenta que en el camino se cambió de sujeto activo a pasivo.
También se usa la palabra éxito como sinónimo de progreso, cuando lo mínimo que se espera de todo exitoso es que regrese.
Cuando un pueblo progresa, se reúne a celebrar, pero aunque se congrega, no es un congreso. Cuando se termina la fiesta, se disgrega la gente, pero una disgresión es algo que pasa durante la cosa, no al final.
Para que la gente se ponga de acuerdo, generalmente hace falta una transgresión, que como es un movimiento atravesado entre el progreso y el regreso, pone los patitos en fila, por así decir.
El transgresor no progresa, pero daña. No molesta, pero vuelve. No convoca, pero divierte.
Es una maquina enigma, de hacer nudos con caminos.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Cancelar a tiempo

Las horas pasan y el juego se termina. De pronto es tarde y en la mesa solo hay deudas. Un mozo irrespetuoso vuelca las sillas. Te están echando.
Hay mucho ruido en la calle. Son una pocas cuadras pero hay que caminarlas. Las manos en los bolsillos, y cuando llegás, la llamada está perdida.
Dos para cenar y nada que hacer al otro día. Platos sin lavar y ganas de olvidarse de uno mismo. La confianza no siempre está bien depositada.
Historias desconocidas, historias inventadas, ambiciones compartidas entre candidatos. La pelea puede unir o separar, pero no hay quien la esquive. Los chicos crecen y también los problemas.
Nada puede llegar a ser si no hay ese empecinamiento del ser, ese empeño en cumplir un destino. Perder no es tan duro como renunciar. 
Renunciar es la única forma de volver.

Tirar un pase

No hace falta que sea un pase de gol. Casi nadie necesita ser Palermo, pero todo el mundo necesita tocarla de vez en cuando para seguir corriendo. Es muy feo que nunca te pasen la pelota: lo más feo es que te vas dando cuenta de que las posibilidades disminuyen a medida que nadie te ve jugar, te vas limitando a agarrar algún rebote desde afuera, de esos que con suerte podés tirarlos más o menos bien para que otro la juegue. De a poco te das cuenta que si todos asumen que estás de relleno, estás de relleno.
La mecánica misma del olvido: otros están siempre delante, porque estar delante una sola vez ya inclina la balanza, cada pensamiento se refuerza con la rememoración, como un músculo que se hace más fuerte con el uso.
En un solo día, en una sola hora, se puede hacer tanto nada más mencionando a este o aquel, escribiendo a una u otra para pasar un dato.
La tecnología nos da más poder, pero el poder no es nada si no se usa.

lunes, 31 de agosto de 2020

Fanfarronear

La literatura de hoy en día es unánime: los malos son fanfarrones, y los fanfarrones son malos que al final del día llevarán su merecido. Qué adorable catecismo! No viene al caso acá, pero los catecismos de todo tipo son algo que hay que desterrar de una vez. Y cuando digo desterrar me refiero al planeta Tierra.
El catecismo amontona progreso social inequitativo a base de sometimiento. Enseña a los pobres a conformarse y a los ricos a no traicionar a su clase.
Que es perfectamente reemplazable lo testimonia la historia, que hasta el año quinientos estuvo llena de sociedades que subieron y bajaron sin usar de manera masiva esa dramática propia de fábulas. La mitografía y la epopeya exaltan siempre al astuto, al atrevido, al dadivoso. Bueno, al final se mueren todos, pero eso es nomás para terminar el argumento de una forma natural.
Y Esopo? Esopo era justamente un vanguardista, la punta de lanza de la reforma moral que acompañó la caída del imperio romano y que tardó unos mil años más en llegar a imponer un orden tan viscoso, escurridizo e insidioso como lento en llegar a ser.
No digo que hay que ser todo el tiempo como los héroes de las sagas vikingas, siempre hablando de sí mismos, siempre midiéndose los cuernos con el vecino de remo en el drakkar. Uf, eso los convertía en insoportables: por eso los echaban de la casa y tenían que ir a buscarse la vida saqueando por ahí.
Fanfarronear es cosa de un día, pero de algún día.

domingo, 30 de agosto de 2020

Abrir un portal

No existen universos paralelos, la misma expresión es un contrasentido. Lo que hay es lugares del universo que no están en continuidad con este. Para llegar a esos lugares, y también para ahorrarse algunas continuidades tediosas (el recorrido del 188, por ejemplo) es que se usan los portales "dimensionales".
Claro que de esto nadie habla, y no se va a hablar. Hay un consenso unánime al respecto: la humanidad no es una raza segura para divulgar el uso de este tipo de herramientas. Miren nomás las cagadas que se han mandado contando sólo con la función poética: generaciones enteras arrastradas al abismo de la estupidez por algún irresponsable rimador, un milenio de parejas bailando al son de la prueba de amor, cinco eras de peleas de vecinos con esa historia de nunca acabar del ojo por ojo.
Si los humanos pudieran ir de un lado a otro con el mismo esfuerzo sin importar la distancia, serían un conventillo de siete mil millones de personas.
La última vez que se hizo una prueba unos bromistas se pusieron de acuerdo y conectaron las cloacas de Praga con la oficina de un profesor de secundaria. Por suerte el portal no tenía más de tres milímetros de paso.
Aunque la tecnología es monstruosamente sofisticada y prohibitiva, se opera con facilidad. Por supuesto: si te da la nafta para abrir un agujero de gusano, bien podés hacer una interfaz de control que se opere con órdenes verbales.
Para que se saquen las ganas: sólo tienen que ponerse mirando 34º 25' 16" al Oeste, rodilla izquierda en el suelo, espalda recta, manos en la cabeza y pronunciar con claridad (preferentemente con voz nasal) "Cratón abanicá el castor, tres lucas"
Por diez segundos van a ver qué hay escondido abajo del escudo de Brasilia.
De nada.

sábado, 29 de agosto de 2020

Lustrar los zapatos

Cuando uno salía todos los días, a trabajar, a hacer compras, de visita, usaba calzados según la ocasión.
Típicamente se iba en zapatillas a casa de nuestros amigos o amantes, al supermercado y al shopping. Los zapatos los dejábamos para las salidas formales, y también, cuando la suerte nos fallaba, para ir al trabajo. Pero también es cierto que algunos zapatos nos gustaban, y los lucíamos con ganas en toda oportunidad.
El módico fetichismo de los zapatos de cuero se completaba con el ceremonioso lustrado periódico, un ritual que nos permitía ocupar los lugares del amo y del sirviente a la vez.
Esto que ahora parece lejano y sin sentido, un saber anacrónico como el tiro con arco, merece ser rescatado y relevado del status nostálgico en que se encuentra.
Una de las reglas básicas del tratamiento de la depresión, consiste en conservar el arreglo personal por pura disciplina, aunque no haya motivo. Partiendo del hecho de que la depresión impide la existencia de motivos como tales, se impone conservar las acciones preparatorias de las actividades normales, por dos razones: dejan al paciente un paso más cerca de recuperar esas actividades, y además representan un mínimo de actividad y esfuerzo que se convierte en estímulo.
Con esta misma intención tenemos que volver a lustrar los zapatos. No vamos a ir a ningún lado donde hagan falta: si de casualidad los usamos, el lustrado se va a ir en cuanto volvamos a casa y los fumiguemos con alcohol al 70%. Es decir que es una actividad sin motivo ni finalidad evidente, pero hay que mantener la capacidad de hacer las cosas de siempre, para recordarse que en algún momento vamos a recuperar el gusto por esas pavadas.

viernes, 28 de agosto de 2020

Sopita y a la cama

Gustavo maricón
Sopita y a la cama
Se pone el camisón
Y dice hasta mañana
Siempre la cargada desde el vamos contra lo pasivo, lo suave, sumiso. Todo lo que en realidad nos gusta es de puto, menos ser macho, que no es de puto. Cuidarse es de puto, dar gracias es de puto, querer es de trolo.
Sobre todo tener miedo es ser maricón, estar cansado te vuelve afeminado. El Tao Te Ching dice que hay que adoptar el principio femenino, pero ya se sabe que los orientales son todos maricas, ni barba como la gente tienen.
Ni hablemos de los Indios, con esos modales resbalosos, seguro viven dilatados.
Lo que ha hecho la retórica del gaste es cernir nuestras opciones dejándolas alineadas lado a lado del par fálico-castrado.
Esto es difícil de explicar bien, porque en realidad no es un par. En la lógica binaria no hay dos, hay uno y cero.
Hay argumentos que indican que es imposible salir de ahí, hay otros argumentos que sugieren que sólo es cuestión de un esfuerzo más si quereís ser verdaderamente empoderados.
El lenguaje es un laberinto.
Un laberinto en una hoja de papel.

miércoles, 26 de agosto de 2020

Vigilar la tostada

El chiste ya es lugar común: si estás mirando las tostadas no se terminan de hacer nunca, y si te ponés a hacer otra cosa se queman.

En esta certidumbre se filtra una idea universal acerca del sentido de la vista, que en la antigüedad era tenida en cuenta por los filósofos. Se creía, y creen hoy los niños, que el ojo emite una especie de rayos o tentáculos hacia los objetos y con eso los percibe. Esta idea de la vista como una especie de radar, y la función equívoca de la vista en la vigilancia y la persecución, llevan a que mirar sea una forma de controlar, de ejercer un poder. Y como este poder es más bien imaginario, se presta a ser culpable de los efectos que se quiera. Y como el poder es malo de por sí, viene con trampa: ejercerlo conlleva alguna especie de maldición.

Yo creo que la forma de conjurar esta dificultad debería estar en cambiar la intención misma de la vigilancia. Debería ser más como un acto de contemplación. Así como se pueden contemplar las cosas pequeñas de cerca haciendo un mundo de cada detalle, se podría hacer pasar un tiempo breve como si durase años, sin que se vuelva tedioso, a condición de prestar la suficiente atención como para que se vuelvan interesantes los sucesos ínfimos.

El crepitar de una miga, la curvatura de una rodaja, la milimétrica fumarola, son verdaderos cataclismos al igual que las erupciones volcánicas, las tormentas tropicales o los terremotos.

Contemplando, igual de demora, pero sabiendo que al final, es lo que se estaba buscando.

martes, 25 de agosto de 2020

Parar las balas

No todo en la vida es fluir y esquivar. Eso es algo que se aprende y se puede poner en práctica sobre uno mismo, sobre lo que se puede sujetar a la voluntad propia, nada más. Formar parte de un equipo que sea como la selección del '86 es algo que no va a pasar de nuevo, entonces nos pasa que no esperamos que los demás corran, suban o bajen con uno. Las telecomunicaciones nos distancian desde hace mucho sin que hiciera falta pandemia, la modernización es, por sobre todo, números grandes, todo en grandes cantidades.
Por mucho que sueñen los fundamentalistas, las cantidades cambian la lógica de las cosas.
Todo se desordena, y como todos corren es muy fácil que atropellen.
Cuando estás en la cancha hace un tiempo, ves venir el pelotazo de lejos. Es OBVIO que si tenés alguien nuevo al lado, parte de tu responsabilidad es que pueda tomarle el ritmo al baile.
En un mundo ideal, se forja una relación de compañerismo, un lazo de aprendizaje y superación que cae una granada y ni nos vimos.

lunes, 24 de agosto de 2020

Mirar cosas chiquitas


Todo el mundo ama las miniaturas. Algo de razón tiene el culto Vudú con eso de que hay una magia en las versiones chiquitas de las cosas. Los niños pequeños los saben: instintivamente se apegan a objetos que representan a sus madres, padres, ellos mismos, en una escala manipulable.
Y las maquetas! Por más que odiemos hacer esas ciudades con cajas de remedios que la escuela les encarga a los chicos, nos encanta contemplar esos mundos donde sólo cabemos con la imaginación.
Acá viene al caso una impresión que sólo se tiene cuando se mira alrededor desde un punto elevado en la montaña: todo el paisaje parece de juguete. Una de las cosas que hacen tan atrayente subirse al techo del mundo es verlo todo desde la perspectiva de un gigante.
Que es lo mismo que imaginarse chiquito chiquito paseando por las grietas de un cascote.
Como todo es relativo, sólo se necesita acercarse a las cosas mínimas para sentirse de repente grande como Godzilla.
No hace falta comer ningún hongo raro, Carrol.

domingo, 23 de agosto de 2020

Hacer leña del árbol caído

Desde muy chico aprendí a manejar un hacha de voleo, la técnica es importante en estas cosas, mucho más que la fuerza. Sabía bajar un árbol en minutos, y sabía partir bloques de algarrobo de un golpe. Pero no sabía qué hacer con el árbol entero.
A los dieciséis viajé por primera vez al sur, y cuando pasamos por El Bolsón, acampamos en el terreno de una amiga que tenía su cabaña sobre la falda del "Piltri", el cerro que domina la vista del pueblo.
Llegamos de noche, cenamos y nos acostamos a dormir. A la mañana nos bañamos a manguerazos con agua que bajaba directo de la montaña. Tomé tanto frío que al otro día tiritaba de fiebre.
Sintiéndome para el culo me quedé mientras los demás bajaban al pueblo para visitar la feria y comprar vino.
Deambulando por el campito, encontré el hacha y unos troncos secos listos para hacer leña.
Al principio traté de cortar secciones del tronco, pero la dueña de casa me explicó la forma correcta:
Se para uno con un pie a cada lado del tronco, mirando a la punta, y se clava el hacha en el extremo, una vez y otra, hasta que se raja un poco. Ahí hay que buscar una astilla y embutirla en la rajadura para que no se cierre y seguir golpenado en la misma. Cuando la astilla se sale, se pone otra más gruesa, y se sigue así hasta que todo el tronco se parte al medio.
Después se repite lo mismo con las mitades, y los pedazos van quedando de a poco del tamaño justo para hacer fuego.
Lo mejor de todo fué que transpiré como un caballo y se me pasó la fiebre.
Miren si será bueno hacer leña.

sábado, 22 de agosto de 2020

Estirar el final

Las historias de amor verdaderas acontecen en dos patadas. Todos sabemos que no hay trama que resista la satisfacción de sus protagonistas. Mucho ante de Las Mil y Una Noches, Homero se enfrentó con este problemita y enseñó casi todos los caminos para evitarlo. Inclusive hizo algo no muy acostumbrado, que es darle a sus personajes una vida propia luego del texto: hasta La Odisea, el final de las obras se verificaba por el exterminio de todos sus actores, de donde sacó Robert Graves la idea de que el teatro dramatiza rituales abandonados de sacrificios humanos...
Que no sólo hayamos aceptado que los artistas nos escamoteen los finales reales, que lejos de aceptar el soborno del arte como un premio consuelo por haber renunciado ocasionalmente a las ejecuciones, los autos de fe, los autos chocadores y los videos de JackAss, hemos pasado a la obsecuencia del aplauso, la idolatría y la posteridad hacia quiene hicieron su profesión de estirar los finales.
Se ve que nos pueden hacer gustar de cualquier cosa, a condición de que esté bien contada.

viernes, 21 de agosto de 2020

Dormir con la ropa puesta

Nosotros, los rioplatenses, vivimos a la orilla del río más ancho del mundo, un titánico procesador de agua de ciento cincuenta kilómetros de ancho y una profundidad máxima de diez metros, una verdadera lámina de agua que se va oxigenando y decantando por completo sin esfuerzo alguno. No tenemos idea de lo excepcional que es nuestra facilidad para conseguir agua. Estamos tan acostumbrados que para nosotros es algo natural irse a dormir bañaditos cada día. Bueno, hay algunos que prefieren la ducha a la mañana. 
No tener agua corriente ya es un impensable, al punto que nos olvidamos de toda la gente que vive en esas condiciones. Recuérdenlo cuando alguien diga que en la villa viven con lujo porque usan celular.
Lo que trae la cuestión del estilo de dormir, que también depende mucho de la forma de vivir.
Como tenemos cama, sábanas y frazadas, nosotros y nuestros conocidos, ya naturalizamos sacarnos la ropa para acostarnos, algunos toda, algunos casi toda, algunos poniéndose camisón. 
¿Qué problema habría en dormir vestido? Algunos dicen que es incómodo, yo digo que se visten para sufrir. 
Que se arruga la ropa, puede ser, también se arruga bailando.
No bañarse es algo que sólo puede deberse a una negligencia o una privación. En cambio, dormir vestido también es propio de viajeros, de exploradores, de juerguistas.
De astronautas.


jueves, 20 de agosto de 2020

Cortar el chorro

El arte del anticlímax, el injustamente menospreciado talento de matar los chistes, el baldazo de agua fría original. 
Salman Rushdie imaginó al villano definitivo: su propósito sería crear antihistorias, argumentos que convertirían los relatos más atrapantes en bodrios notariales que nadie podía soportar sin dormirse (¿soportar no vendrá de sopor?). Su nombre era Katam Shud, que significa "Fin".
Que sepamos, muchos autores han elevado a sus villanos a la altura de verdaderos protagonistas, personajes indelebles. Esto gracias a que cada malvado tiene la gracia de realizar alguno de nuestros deseos inconfesables.
Y vamos, quién no quiso tener el poder de hacer callar a la gente cuando no para de hablar de sí misma, el poder de hacer que los bromistas se queden sin ocurrencias con que importunarnos, la majestad de acortar esos largometrajes que sólo vamos a ver para acostarnos con alguien, el pase mágico que haga llegar al punto al viejo que se va por las ramas...
Imaginen las posibilidades. Se terminaría el bullying en las escuelas porque las burlas no tendrían eco. Las llamadas de callcenters serían piezas de museo porque sus operadores se quedarían perplejos. Toda la música sería instrumental, pero nadie haría "air guitar". Los predicadores de la tele reconocerían que la vida no tiene sentido. La carrera armamentista se detendría en un inmenso "MEH".
Bien pensado, deberíamos dedicar un año a ejercitarnos en esto.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Poner el hombro

¿Vieron que cuando las papas queman nos llaman a poner el hombro? Dejemos de lado el tema consabido de quiénes somos llamados (muchos, no como los elegidos, tres gatos locos). Pensemos para qué se pide que pongamos el hombro: hay que cargar un ataúd como los negritos del video? hay que tirar una puerta abajo? hay que aguantar que alguien venga a llorar?
Lo último parece bastante apropiado.
La cosa es que pongamos, en el sentido de prestemos, no se trata de entregar, como pasa con el culo, ni de meter, como con la pata, las narices o los garfios.
Poner es una actitud a medio camino entre la entrega incondicional, y la penetración imperiosa.
Debe ser por eso que se pide el hombro. Si te piden una mano, ya estamos hablando de favores que hay que retribuir, la mano no es gratis (el culo tampoco). El hombro cumple con aguantar, sólo se sacrifica el tiempo que se pone, a diferencia del pecho, que tiene que recibir las balas que eran para otro.
En el extremo opuesto, pero siempre en la línea de la inmovilidad, estaría poner los huevos sobre la mesa.
Que no es más que exponerlos, demostrativamente: cortárselos nunca se hace a pedido, sino voluntaria y paradójicamente para aliviar algún dolor del alma. 
No está claro qué pasa con el huevo y medio que cuesta cada par de zapatillas, el ojo de la cara se sale, con lo que el tipo ese que los sacaba a propósito debe vivir de arriba.
Ojalá todo se solucionara dejando un pedazo a cuenta. 
El hombro al final te lo devuelven, pero te rompés el lomo.

martes, 18 de agosto de 2020

Ponerse lindos

Cuando esas dos chicas se pusieron de novias en la adolescencia, una le preguntó a la otra "¿Querés salir conmigo?" y su amiga le respondió "Está bien, pero yo soy la linda".
La belleza es cuestión de privilegio.
Tal profesor contaba que el papá le decía "No salgas con mujeres feas". Asumía que es más fácil encontrar a quien se quiere hacer ver.
La belleza es cuestión de poder.
Mi propio abuelo, según me cuentan, se afeitaba sin mirarse al espejo, porque no veía masculino ocuparse de la apariencia.
La belleza es cuestión de actitud.
El Enrique V de Shakespeare le dice a su novia "tomándome ahora, me tomas en mi peor momento".
La belleza es cuestión de ingenio.
Pablo Picasso dijo "Yo no busco, encuentro". Y cuando los fascistas le preguntaron sobre el Guernica "¿Quién hizo este desastre?" él respondió "Ustedes".
La belleza es cuestión de supervivencia.
Somos especialistas en buscar la belleza, pero hasta ahora, la única forma cierta de gozarla es ocupar su lugar.

lunes, 17 de agosto de 2020

Predicar en el desierto

Para la filosofía, la normalidad nos constituye desde el vamos. El logos sigue siendo esa causa primera en la que necesitan creer. Para el psicoanálisis, la norma es secundaria, un ideal aglutinante. Sí se habla de la ley del padre como un mito fundacional, pero se trata de un mito, que de todas maneras funciona como una fuerza centrífuga en el origen. Lo que cohesiona del padre es su retorno en la ilusión que se cimenta con el ceremonial del banquete.
No es casual que sea en un banquete donde el filósofo escenificó su discurso sobre la fuerza de cohesión de la sociedad.
Para la normalidad, lo diferente se aglutina de alguna manera en identidades alternas. Todo lo asimila. La normalidad no deja de imaginar la contracultura como un enemigo astuto que no deja de conspirar.
Para los diferentes, la única identidad es el desierto.

domingo, 16 de agosto de 2020

Poner todos los huevos en una misma canasta

El tío Roberto, el mismo que decía que una casa de construye desde adentro hacia afuera, era un jugador empedernido, capaz de jugarse en la ruleta el sueldo de los albañiles y salir del casino con suficiente plata para terminar la obra. Su técnica era la de hacer varias apuestas simultáneas: a varios números, a la docena, al color. El tipo trataba de aparentar una actitud calculadora mientras se jugaba la plata ajena, queriendo pasar por ingenioso porque esa vez le salió bien. Los jugadores siempre recuerdan las veces que ganaron, nunca las que se enterraron.
Al final, nunca me queda claro si el jugador es valiente o no, inspirado o ciego. Toma riesgos que para nosotros son temerarios, pero lo hace obedeciendo a pálpitos indubitables. Juega en contra de las probabilidades, pero tiene un sistema.
Está dispuesto a perderlo todo, pero la experiencia le ha demostrado que siempre consigue rehacerse.
No tiene empacho en defraudar a sus amigos, pero pocas veces sobrevive a perderlos definitivamente.
Y es posible que todo lo pensado y sentido sea un espejismo creado a posteriori del impulso irresistible de jugar.
En todo caso, nunca hay que seguir los consejos de los jugadores. Mejor poner los pocos huevos que tenemos en una canasta que podamos tener siempre a mano.

Berretines

Todos tenemos un berretín, por eso el tango nos habla con una voz incómoda. Sospechar que alguien por el sólo hecho de compartir una lengua, una geografía (son inseparables), tenga la osadía de contarle al mundo de nuestras manías de bolsillo, nuestras pasiones de ochava, es más incómodo que visita de parientes ricos. Sabiendo que el berretín es una condición de lo más generalizada, es llamativo que se cultive en casi siempre en secreto, compartiéndose a lo sumo con extraños en bares, o cómplices de alguna travesura.
Quizás no se trata de que uno se avergüence de sus berretines, ni de que sean un tópico especialmente sensible. Tal vez la causa esté en que ellos son sueños relegados, son ideales que la madurez nos hizo dejar para después, o que directamente llegamos a proscribir por vanos, anacrónicos o improductivos,
No nos da vergüenza conservar las reliquias de la ingenuidad, nos da vergüenza haber crecido.

sábado, 15 de agosto de 2020

Hacerse cosquillas

Es casi imposible hacerse cosquillas uno mismo, parece que se necesita alguien que ayude con esto. Cierto que para cada uno cambia la sensibilidad de los diferentes puntos clave, así que no todo el mundo reacciona tocando las costillas, o presionando al costado de la rodilla.
Pero uno sí puede hacerse cosquillas a sí mismo, encontrando el lugar adecuado. Por ejemplo en mi caso tengo que rascar con la uña la planta del pié.
Es insoportable, no hay fuerza de voluntad que logre superar esta prueba.
Es la prueba de que el individuo se desconoce incluso al nivel fisiológico. La unidad del organismo es un logro conceptual, un punto de llegada del desarrollo, un estado precario como todo.
Para morirse de risa.

jueves, 13 de agosto de 2020

Dormir en la calle

El tío Canuto trabajaba en el Congreso, uno de esos empleos prebendarios que la oligarquía reserva a sus ovejas negras. Pese a tener una ideología sólidamente conservadora, cuando Onganía tomó el poder, circuló una orden de detención con su nombre. Así que el tío Canuto no podía volver a su casa, y como tampoco estaba dispuesto a presentarse ante la familia como un prófugo, se quedó dando vueltas por los barcitos hasta que cerraron y se fué a dormir en un banco de la plaza.
Cosas así quedan como anécdota pintoresca en las sobremesas familiares, como la otra de la prima Alina, que se durmió de madrugada en la placita Falcón y despertó al mediodía con la cara quemada por el sol.
Hubo un tiempo en que dormir en la calle no parecía algo tan extremo, era un mal momento, algo que podía pasar y nada más.
Después llegó una etapa en que algo así era inadmisible, no tener donde dormir, ni un amigo donde ranchar se convirtió en sinónimo de un desvalimiento absoluto. Quienes habían pasado por esta experiencia eran unos renacidos.
Finalmente, hemos llegado a entender que esto es una posibilidad, que en la vida puede llegar a suceder, y que como a todo, uno buscará como afrontarlo, sin conocer el final y sin esperar.

miércoles, 12 de agosto de 2020

Medirse la pija

En casa hacemos milanesas de pollo. Compramos pechugas de pollo en una "granja": pollería, pollajería, como se diga. La cosa es que cuando mi esposa las compra, pide que las corten en milanesa, y cuando las compro yo, las traigo enteras y las corto en casa. Como alguna vez me acusó de maniático por insistir en filetear el pollo por mí mismo, tuve que explicarle que para ella no es problema pedirle esas cosas al pollero, pero que para los varones, esas cosas implican que te pierdan el respeto.
(Nota al margen: la gente que hace trabajos manuales no respeta a los que sólo hacen trabajo intelectual, por más envidia que les tengan por sus privilegios. Esto hace a algunas neurosis propias de la movilidad social, que son un tema aburridísimo).
Incredulidad. Qué respeto?
Cosas de machos.
Qué estupidez.
Puede ser. Me llevó tres décadas entender que esas estupideces no son abstractas: conllevan para nosotros perjuicios concretos en las interacciones sociales. No es que no se pueda vivir sin ser respetado, pero se paga. Cosa que no interesa si uno es rico, que no es mi caso.
El truco de ser rico es que siempre tenés algo abajo donde caer si te tropezás -otra nota al margen.
Cuando sos macho te tenés que medir la pija con otros, aunque la tengas corta. Si salís perdedor no importa: vas a la fila. Pero si no, estás fuera de la fila.
Es un "chicken-game" eterno, pero no es como piensan los matemáticos (los matemáticos casi siempre salen de las filas de los que se salieron de la fila). El que sí lo entendió fué Borges, por ejemplo. Cómo no lo iba a entender si era un compadrito. De la peor especie: de los que se saben el más poronga, al punto de no temer ningún enfrentamiento, no tanto por saberse ganador, sino porque sabía que nadie se iba a quedar resentido al perder con él.
Esta es la ley de los varones, a ver quién adivina en qué cuento la explicó al detalle el esposo de la Kodama.

martes, 11 de agosto de 2020

Aprender idiomas

Dicen que viajando se fortalece el corazón, pero si hay una pandemia no se puede. Qué garrón.
Dicen también, con mucha lógica, que aprender idiomas amplía nuestra forma de pensar, desde que cada lengua conlleva una forma de pensar con categorías propias.
Hace muchos años, un astrónomo italiano enfocó el planeta Marte y observó algo que llamó "canali". Algún colega sajón lo tradujo, pero lo entendió como si fueran zanjones. La noticia le llegó al Sr. Percival Lowell, y desde entonces andamos diciéndole marcianos a los extraterrestres.
Se deben sentir como muchos españoles cuando escuchan chistes de gallegos. O los sirio-libaneses que llamamos turcos, y así. Por eso mejor aprender a hablar con propiedad antes de viajar y ofender a la gente por burro.

lunes, 10 de agosto de 2020

Transar

En una esquina sin ochavas donde nadie para. En una cuadra sin árboles que nadie barre. En un portón sin candado que nadie empuja. En cualquier rincón se transa.
A propósito no quiero hablar de las transas que se hacen bajo techo, en el abrigo del hogar, en un bar.
Eso se da por sentado. Hay transa donde hay comodidad, donde hay seguridad, intimidad.
Por algún motivo se ensució el transar. Se volvió un resbalar. Se volvió una cosa que no hay que mostrar, que no se debe notar.
Si transar se volviera una virtud, perder las formas podría enamorar. Pero estamos empeñados en durar, estamos empecinados en brillar. En ganar y ganar.
Un día sin transa es la ruina de una nación.
Una semana sin transa es la vergüenza de un pueblo.
Un pueblo sin transa es olvidado tarde o temprano.
Para hundir el arte de transar, le dicen transa al egoísmo.
El egoísmo es nunca haber transado la ambición.
Con razón.

domingo, 9 de agosto de 2020

Cortarse solo

Los manuales de supervivencia enseñan muchas cosas, pero como la mayoría estan dirigidos a un público de burgueses que fantasean o juegan al buen salvaje, se limitan a enseñar tácticas para resistir de manera provisoria en ambientes hostiles, durante unas semanas a lo sumo. Lo que esos manuales no te enseñan es a cortarte el pelo vos mismo.
Parece que no es algo coniderado esencial, pero a medida que el tiempo pasa, uno se da cuenta lo importante de poder resolverlo.
Si tenés pelo lacio, la solución obvia es el ejemplo germánico: dejarlo crecer lo suficiente y trenzarlo. También vale hacer un rodete como los japoneses, aunque se me ocurre que es algo que requiere mucho cuidado y precisión.
Las personas con rulos necesitamos otras ideas, si no queremos caer en el rapado drástico, que tampoco es algo tan sencillo, créanme.
Por suerte para nosotros, los hippies nos dejaron su enseñanza invalorable, basada en años de experiencia con la moda del pelo rebelde.
Para los que no tengan un familiar habilidoso a la mano, paso a detallar, sólo se necesita una tijera.
Primer paso: lavar el pelo y desenredarlo lo mejor posible.
Segundo paso: con la cabeza inclinada 45º hacia adelante, dejar que el pelo caiga vertical.
Tercero: cortar con tijera (todo el mundo tiene tijera, vamos) en forma horizontal a la altura elegida.
Listo, ahora parecen Fito Páez.


sábado, 8 de agosto de 2020

Esperar un milagro

Los ateos de origen somos muy de guardar un fondo de envidia a las personas creyentes. No sólo a los religiosos, sino a los que viven con la certeza de un orden fundamental, en una razón última que responda del estado de cosas que nos toca.
Intuyo que los descreídos de cualquier culto no sienten lo mismo, porque ya pasaron por la vivencia de las certezas, y algo hizo que las abandonaran. Nosotros no podemos asegurar que fuéramos a hacer lo mismo: simplemente ya empezamos a pensar desde la premisa de que hasta las leyes fundamentales de la física son las que son por una especie de lotería.
Sobre todo la idea de que haya una voluntad atrás de todo tiene un atractivo comprensible, porque cuando decimos voluntad pensamos en un ser accesible al deseo: si alguien tiene voluntad, es que quiere algo, y si quiere algo, se puede negociar. 
No porque los humanos tengamos algo que ofrecer más que bellas palabras, sino porque justamente todo lo que sea negociable, entre dentro del campo de acción preferido de las palabras.
Nosotros, que no estamos en condiciones de pedir nada, sabemos que algo nos estamos perdiendo. La plácida resignación que tanto nos cuesta alcanzar no se compara con la promesa sustancial de la intervención divina, la salvación, o incluso de la fatalidad.
Y como la envidia nace del fantaseo, vuelve a su origen. Ya que no tenemos soluciones para las cosas tangibles, quisiéramos que las ideas respondieran a una voluntad, a una voluntad que se pueda comprar con la oferta adecuada, que se pueda mover con alguna palabra clave.
La voluntad no es un perro que viene cuando lo llaman.
Lo sabemos, pero de todas maneras nos gustaría esperar un milagro.

viernes, 7 de agosto de 2020

Todo con o

Los locos borrosos no son pocos. Como yo toco con todos, son otro color, los morosos.
Otro robó con los osos grosos, yo no toco corno: lloro solo.
Tom Solomon compró los porotos todos rojos: los probó, tomó dos bolsos. Copó todo, no cortó los bonos, no los sonó.
Conozco dos corsos, corro con otro contorno: yo coloco oro con troskos porcos.
Vos sos soplón, Tom, lo sos. Roto, bobo, mogo, botón. Croto.
Como todo jodón comprobó con logros los ogros: como otros chocó con los troncos. Rodó con son colombófono.
Tocó fondo.
Pobló los morros con cojos horrorosos, con toros mochos, loros sororos, proctólogos con gorros.
Como colofón, Tom sopló con honor todos los globos. Cholo orondo.
Voló cómodo.

jueves, 6 de agosto de 2020

Ocuparte de tus asuntos

No hay como estar tapado de compromisos para acordarse de todos los asuntos pendientes. Parece que la virtud de la conciencia es justamente demandarnos acciones impracticables. Uno termina siempre obligado a compensar con algo indefinido. Es una tortura que sólo remite cuando somos forzados a tomar decisiones o a privarnos de tal o cual cosa. Entonces sí podemos lamentarnos: la culpa es ajena. Todavía hay de qué quejarse, pero la queja no deja ningún saldo. Es más, hace conversación, uno de los insumos más críticos y menos reconocidos (los tímidos y retraídos tenemos muy claro cuánto vale cada minuto de conversación fluída).
Entonces ¿Cómo se corta ese ciclo de enajenarse para gambetear la consciencia?
Es la misma pregunta que se hace el procastinador ¿Cómo arranco de una vez?
Los psicólogos no pueden dar una respuesta directa, no porque no sepan, sino porque el camino es un salto reisgoso.
El único camino para dejar de esconderse tras las obligaciones externas es ir derecho al sentimiento de culpa y miserabilidad que se esconde atrás de cada meta no cumplida, atrás de cada promesa rota, de cada negligencia.
Hay que soportar sentirse un inútil total.
Hay que sentarse en el medio de la rueda y escuchar todos y cada uno de los pases de factura más íntimos y agudos.
Recién ahí se puede descubrir la finalidad paradójica de la consciencia, una finalidad que nadie esperaba, pero que al fin y al cabo se aprovecha. Es la misma función del fuego, que tanto destruye como limpia.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Mirarse al espejo

Hace unos años viajaba mucho en ascensor. Tenía el consultorio en un edificio residencial, que mantenía la puerta de calle cerrada las 24 horas. Por eso tenía que bajar a abrir a cada paciente que entraba y salía, y volver en el ascensor.
Los modelos de ascensores pueden variar, pero todos tienen un espejo. 
Los espejos pueden variar, pero en todos hago caras cuando estoy solo. 
Así que entre paciente y paciente me miraba en el espejo del ascensor sintetizaba la sesión con una mueca grotesca.
Más adelante mudé el consultorio a un edificio con muchas oficinas, que tenía las puertas abiertas todo el día. Los pacientes podían subir directamente, aunque algunos lo hacían si siquiera anunciarse en el portero eléctrico.
No hagan esto, toquen y esperen.
Desde entonces viajo mucho menos en ascensor, así que instalé un pequeño adorno con espejito al lado de la puerta. 
No sé cómo hacían los que no tenían espejos. Mirarse en un charco, tal vez. 
La variedad y peculiaridad de las muecas que pueden lograrse son merecedoras de tener su propio subgénero dentro de la pornografía.
Alguien debería estudiar esto.

martes, 4 de agosto de 2020

Educar al soberano

El soberano idiota. El reverendo pelotudo. El tipo más peligroso de imbécil, el que tiene poder de decisión sobre las cosas por el motivo más espúreo: la propiedad.
Ver cómo las cosas se van a los caños, a veces pedazos enteros de la historia porque se les dió autoridad sobre sus propios bienes a quienes sólo debían gozarlos, pone en perspectiva algunos de los grandes logros que se deben a la iniciativa privada, cosas como el Palacio del Louvre, el Boeing 747 o la salsa golf.
Por cada uno de esos iluminados legiones de pretenciosos que no deberían tener permiso ni de conduncir.
Tratar de enseñar, instruir, explicar a esta gente no tiene sentido, es un gasto de energía inútil y enojoso.
La estrategia ganadora es la resistencia pasiva de Ghandi: simplemente no participar en sus pelotudeces, no hacer acuse de recibo. 
Este tipo de idiota funcional siempre viene a escorchar conque necesita algo.
Los que tienen de más siempre necesitan cosas ¿Cómo se creen que las consiguieron?¡Haciendo trabajar al resto!
El que quiere algo de uno, va a encontrar la manera de conseguirlo, y todo está en que no se la hagamos fácil. 
Atenti: acá es donde sacan su carta ganadora, su movida infalible "ok, no te necesito, busco en otro lado".
Pero por supuesto! Hasta nunca, infeliz!
No sólo nos libramos de una peste, si acaso cada uno se fuera dando cuenta de esto, pronto se extinguiría esa raza nefasta.
Paz y amor.

lunes, 3 de agosto de 2020

Sacar el conejo de la galera

La magia es tan necesaria como las drogas, esto no se dice mucho, porque no hay que levantar la perdiz. Como la magia vive del engaño, resulta que el engaño es tan necesario como las drogas.
Es esto, o aprender a convivir con la insatisfacción, y la insatisfacción es la consecuencia del deseo. Así, el deseo sólo nos lleva al engaño porque no lo soportamos.
Si el deseo pide llenar un vacío, la magia muestra que donde no había nada por aquí, nada por allá, se puede sacar un conejo. Que no estaba ahí antes, ni después.
Porque lo sacamos.
La magia hace que todo siga igual, parece. Igual? Ahora estaremos engañados, pero soportamos el vacío, sabiendo que algo le podemos sacar.
Y ahora sólo queda saber donde poner el conejo.

domingo, 2 de agosto de 2020

Pasar factura

Es principio de mes, y es el momento de empezar a cobrar. No está muy claro cuál es la lógica que corresponde, porque tenemos muchos modos de pago sedimentados a lo largo de la historia. Lo que empezó con el intercambio más brutal entre bandas que se desconfiaban hasta del silencio, que pagaban con bloques de sal apoyando las mercaderías en el suelo al mismo tiempo, para evitar que un gesto mal interpretado terminada en batalla sangrienta, se volvió sutil con el uso del papel moneda, ritual con la generalización de los ejércitos profesionales, y mágico con la aparición del débito automático.
Y al parecer, desde que hubo forma, no solo se pagaron las cosas y los tiempos, sino que se dejó constancia de todo. Al punto que pareciera que la primera finalidad de la escritura fué registrar lo pagado y prevenir el fraude.
Será por esa vocación policíaca que el pasar factura tiene tan mala fama? En muchos intercambios se introduce el concepto como una especie de bomba descalificadora, como una recusación inapelable.
Deben ser los mismos que cuando van al psicólogo le preguntan qué está anotando. No les gusta lo escrito porque les quita libertad para mentir, para contarla cambiada.
Volviendo a la factura, se puede hacer a posteriori, simultánea, y o previa, así como los pagos son previos, simultáneos o posteriores a recibir lo pagado.
Desde ya, es evidente que cuando la factura se pasa a posteriori, es porque uno es la parte más débil de la relación. Y es típico reprocharle al débil las cosas que hace por débil, con la finalidad de que nunca salga de ese lugar.

sábado, 1 de agosto de 2020

Hacer pizza

Hacer pizza es facilísimo. Tan fácil que no se puede creer que tanta gente diga que le sale mal. Más desconcertante es ver la cantidad de cocineros, algunos muy bien formados, que hacer cualquier cosa menos pizza.
Me gusta jugar con la idea de que existe una especie de pacto mafioso entre chefs y pizzeros para guardar el secreto: no es creíble que tipos que se pasan el día cocinando no descubran la forma de lograr una pizza como la gente, esto es, una pizza como la que comprás en la pizzería.
Si digo que es muy fácil me quedo corto, porque es la receta más fisura que se pueda imaginar ¿notaron cómo los pizzeros son casi siempre unos atorrantes, vagos, gente de avería, todo lo contrario al espíritu del esfuerzo?
Uno ve a los cocineros que se rompen el lomo haciendo la salsa, saltando cebolla, condimentando, haciendo firuletes con la masa para que la proteína se despliegue y sarasa: sacan unas tortillas que dan pena. Y con pena quiero decir vergüenza ajena.
El Tao de la pizza es "menos es más".
Sobre todo menos apuro, los cocineros, hijos de la administración de empresas, miden todo en términos de cuánto les lleva preparar cada plato. Eso los mata: para hacer pizza hay que empezar seis horas antes, por lo menos.
Los secretos son ínfimos: poner la sal abajo de la harina y la levadura arriba, para que no se mezclen.
No le pongan aceite a la masa, no hace falta, sólo agua tibia.
Tampoco hace falta hacer "arrancar" la levadura: amasen todo junto hasta que esté parejo.
Y esperen.
Cada tanto amasen de nuevo, sólo para plegar la masa y hacer que se distribuya bien la levadura que se va reproduciendo a medida que come.
Estiren la masa en la pizzera con tiempo para que siga levando mínimo una hora antes de meterla al horno.
La salsa es sólo tomate de lata, ajo, orégano, ají molido, un chorrito de aceite de oliva y ajo.
Si no les gusta el ajo, no merecen comer pizza.
Primer golpe de horno con la salsa sobre la masa cruda, afuera, muzarella (la calidad de la muza es el 80% de la pizza), y al horno de nuevo.
Ahí está, si me pasa algo se confirmará el pacto mafioso de las pizzerías.