jueves, 6 de agosto de 2015

Día de molestarse ligeramente

angry bird

Son las tres de la tarde pasadas; mis dedos fluyen sobre el teclado, o fluirían si la computadora no se congelara cada vez que uso el mouse. De pronto: hambre.
No un hambre cualquiera, sino un retorcijón totalmente improcedente en mi abdomen pequeñoburgués; un hambre atávica, inmisericorde, caníbal. Hambre de salir a cazar un jabalí y asarlo al espetón mientras lo unto con miel. Mentira: lo quiero ya. Hambre de jabalí crudo.
Y en la casa, lo sé, no hay prácticamente nada. Fin de mes. Voy a la cocina, reviso la alacena: todas cosas que necesitan cocción. No hay pan, no hay fruta.
En eso mis ojos encuentran un paquete arrugado, envuelto sobre sí mismo. ¡Hurra! Son tapitas de alfajor que trajeron mis sobrinas. Un alfajorcito con dulce de leche es la dosis ideal de gula y calorías limitadas. Saco dos tapitas y voy hacia la heladera cantando Like a virgin: You're so fine and you're  mine and you know how to make me feel shiny and new. Madonna la compuso pensando en un alfajor, yo sé lo que les digo.
Abro la heladera, sé que está en algún lado. Por fin, detrás de los tuppers, aparece el pote de dulce de leche.
Pero algo está mal: la tapa ligeramente torcida deja ver el extremo de una cucharita. Tomo el pote, lo abro: vacío. Pero un vacío que hubiera enorgullecido a Robert Boyle; nada de restos que puedan rascarse; una limpieza quirúrgica. Pocos abismos más oscuros, malvados, llenos de vértigo y engaño que este. Mordor es un pelotero al lado de tanta maldad.
Mi familia bien, todos sanitos.

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