domingo, 12 de abril de 2015

Día de crear un universo

Era un dios pequeñito y todos los demás dioses se burlaban de él.

Era el dios de los huecos, el que quedaba cuando la ciencia daba la explicación de algo. El dios de los huevos no había creado los cielos ni la tierra, ni a los humanos, ni a los animales y plantas. Tampoco había castigado a la humanidad con un gran diluvio, ni tenía una morada en el cielo ni en la cima del Olimpo. Era el dios que, en todo caso, había creado el Big Bang.

Los otros dioses se burlaban. Los ateos se burlaban de él más que de las otras deidades. Los creyentes que creían en él lo ocultaban, avergonzados.

Con el paso de los siglos, el conocimiento humano fue aumentando. Poco a poco, los antiguos dioses perdieron a todos los adoradores y murieron. Pero el dios de los huecos persistía: siempre había algo que la ciencia no podía explicar, algo que permitía aferrarse a la idea de que "hay algo más". Finalmente, todos los dioses murieron menos él, el dios chiquito, que cada día era más chiquito.

La humanidad se esparció por la galaxia, contactó civilizaciones extraterrestres con las que compartió conocimiento y descubrió que en todas partes el dios de los huecos persistía.

Llegó el día en que la civilización universal toda, que ya había matado a sus dioses, llegó a explicar absolutamente todo el funcionamiento del universo: su creación, la conciencia, los orígenes de la vida. Gracias a los avances en comunicación, expansión de la memoria y enseñanza, no hubo nadie que no comprendiera el gran modelo de las cosas. El dios de los huecos ya no tuvo dónde esconderse.

Pero sucedió que hubo quienes no dejaron de creer en él. Aunque supieran todo de todo, seguían creyendo. Entonces este dios tan chiquitito se transformó en una singularidad, un punto de fe pura en un universo de saber completo. Y la singularidad obtuvo de sí misma una energía infinita.

Entonces el dios de los huecos dijo "Hágase la luz". Y todo comenzó otra vez.

Souvenir Snow Globe
Souvenir Snow Globe via photopin (license)

 87 palabras de yapa

Verlos cocinar te da hambre. Vas a la cocina y sacás un bol con mezclum, le agregás unos fideos y una lata de atún. Volvés al telescopio y seguís mirando mientras comés. No es fácil hacerlo sin mover el lente y perder foco, pero tenés práctica. Ellos todavía no sacan las milanesas del horno. Sacan unos tomates y charlan, sonríen.
Son fascinantes en su felicidad. ¿Cuanto hace que los descubriste? ¿Diez meses, un año? Ni una sola vez discuten, nunca una mirada seria entre ambos. Son perfectos.

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