jueves, 9 de abril de 2015

Día de sentirse afortunado

El hombre, un gigantón trajeado, se acerca a la mesa. Tras ella, otro hombre espera el veredicto, nervioso. El gigantón no prueba la comida; en cambio, la estruja entre los dedos y le muestra al otro el aceite que le quedó de la fritura. El otro hombre baja la vista. Le tiemblan las manos.

Las chicas entran al salón. Son altas, flacas, lindas. Sonríen con esfuerzo. Frente a ellas, el juradouna modelo, un diseñador buen mozo, un personaje que no se sabe bien qué hace pero aporta su toque queer. Van llamando a las chicas, una por una. La primera es la ganadora de la semana. De las dos últimas, una será eliminada. Algunas lloran cuando se salvan; la que pierde llora más.

Más tarde se construirá la épica, la historia del ganador en ascenso. Pero el entretenimiento inmediato es el del descarte, el de las personas rechazadas.

No puedo ver mucho de los reality shows; me dan vergüenza. Ajena al principio, frente a los concursantes que se exponen al escarnio, frente a los jueces que maltratan para las cámaras. Vergüenza propia después, cuando descubro en mí la fascinación frente a la desventura.

Lucky
Lucky via photopin (license)

85 palabras de yapa

Ahí están. Él juega al póquer en la compu. Tamborilea sobre la mesa; no le debe ir bien. Ella sonríe para sí mientras bate unos huevos. Los dos están de entrecasa; él con la remera de Iron Maiden, ella de gimnasia. Tiene esa cosa de las mujeres altas y delgadas que usan la ropa como si el viento la hubiera dejado caer sobre sus hombros. La remera y el pantalón fluyen sobre el cuerpo como si llovieran. El pelo también: todo en ella es lluvia.

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