martes, 21 de julio de 2015

Día de ser parte de algo

Nosotros es una palabra maravillosa y molesta.

Es tan molesta que a la hora de editar, desaparece casi inevitablemente. Si escribo, por ejemplo: "nosotros erradicamos la viruela" o "nosotros destruimos la capa de ozono" o "conocemos las bases moleculares de la genética", enseguida el nosotros entra en cuestión. Yo no erradiqué nada, ni destruí (puntualmente) nada, ni el lector tampoco. Incluso si conozco las bases de la genética, el nosotros sigue sin tener un referente claro. ¿Nosotros los científicos, los genetistas, los escritores de textos sobre genética? ¿Quienes, diantres?

Nosotros, claro. Quién más. Contra todo lo que dicten las reglas de la edición, nosotros somos, existimos. Es una de las necesidades básicas del ser humano: ser parte de un nosotros. Sentirse parte de uno, al menos. A mí me gusta el nosotros grande, abarcativo, difuso e incómodo.

Entonces ves, por ejemplo, la enormidad de La Sagrada Familia y podés dejar de lado el ateísmo o el anticlericalismo y decir, mierda, nosotros construimos esto. Y ver las ciudades iluminadas por la noche y decirte guau, mirá lo que hicimos. También desorientamos a unas cuantas especies nocturnas, nosotros, todo hay que decirlo. Nosotros hicimos o permitimos guerras, nosotros curamos enfermedades. Nosotros inventamos la Declaración Universal de Derechos Humanos, las Sombras de Grey y los ravioles de seso y verdura. Nosotros pusimos y quitamos gobiernos, matamos y morimos, acertamos algunas y nos equivocamos muchas más.

Un día, llegamos a la Luna. Nosotros. No se dejen engañar por la banderita de barras y estrellas. Nosotros, que duda cabe, llegamos ahí. Felicitaciones. Y un abrazo a todos los que hacemos un nosotros más chiquito pero tan importante como el grande.

Home symbol with chimney made from jisaw puzzle pieces

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