jueves, 23 de julio de 2015

Día de tomarse un respiro.

Little Monk Stone Statue

Hablando del mulá Nasrudín: he ahí un héroe. Es un sabio, hasta que nos muestra que es un tonto. Es un erudito, pero sus intereses son casi exclusivamente mundanos. Es virtuoso hasta que salen a relucir todas sus fallas. Y a pesar de esas fallas, está muy por arriba de los sabios, doctores, religiosos y leguleyos que encuentra a su paso.

Los héroes no se hacen solos: los elegimos, los nombramos héroes. Un voto aquí para el mulá, el más imperfecto de todos.

(Si no tenés idea de lo que hablo, yo diría que pruebes quitando los espacios a http: // up load ed.net / file / 5y4azxrp )

De yapa

Algo se rompió, en esta caminata por el centro gélido, algo del aislante invisible que te rodea, esa segunda persona que habla constantemente de lo que hacés, que te envuelve. Saliste del primer bar como aturdido; pero el Lucio que entró al segundo bar era otro, más concreto, más nítido. Enfundado en su ropa negra, con los hombros encogidos contra el frío, persiguiendo a un hombretón extraño que, contra todo recelo, entra finalmente en un bar más. "La Caverna", anuncia el fileteado sobre las ventanas. Adentro, olor a café, murmullos. Más hombres que mujeres, ellas siempre en pareja. En una mesa redonda, un grupo juega a las cartas. Más allá, frente a varias mesas cuadradas unidas, un hombre flaco, de camisa y chaleco, con el pelo estirado sobre la calva, levanta la mano.
—Ahí están mis adláteres. ¡Buenas y santas, Starr! —dice Paul McCartney — Luscious, Ringo Starr. Ringo, Luscious.

Ajá. Paul. Ringo. La Caverna. Lucio (el nuevo Lucio) sonríe, da la mano y se sienta. En cualquier momento, sospecha, entrará un joven ofreciendo pasteles de crema.

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